¡Que venga España!

Ya otras veces lo he escrito aquí. Resulta difícil imaginar los niveles de incoherencia en los que se vive en la Venezuela actual. Todos los días recibimos noticias de tal grado de absurdo que parecen parte de una pesadilla.

Hace poco hubo un motín en una cárcel que fue tomada por los reclusos durante más de un mes. Se produjo una carnicería humana que le pondría los pelos de punta a cualquiera:  unos reclusos quemaron vivos o asesinaron a dos docenas de sus enemigos internos. Pero además había un arsenal en la prisión: granadas, fusiles de largo alcance, hasta ametralladoras, nombre usted el arma. Cinco decenas de muertos y luego el jefe interno (cada cárcel tiene uno y les dicen Pranes, un acrónimo) se escapa pese a estar rodeada la cárcel…por los mismos militares que contrabandearon las armas. En el New York Times salió un reportaje sobre una cárcel en la Isla de Margarita donde los internos distribuyen libremente marihuana y drogas duras y hasta regentan un burdel. Un preso norteamericano la calificó en el reportaje de la mejor cárcel del mundo. Todo esto, repetido por todas partes sucede en un país administrado desde hace doce años por un régimen que habla desvergonzadamente de “forjar un hombre nuevo” mientras ha recibido asombrosas cantidades de dinero rentista petrolero. Es gracias al respaldo de lemas así, tan bien vistos por el radicalismo internacional bobo, como logra permanecer inmune a la realidad, incluyendo en ella ese terrible infierno carcelario mil veces denunciado.

Pero hay más.  Luego del motín reciente se crea un ministerio a cargo de las cárceles y la ministra recién nombrada decide liberar más de dos mil presos para solucionar los problemas de hacinamiento. Dice que no son peligrosos y que después de todo merecen la libertad ¿Y por qué entonces estaban presos? No sabe, no contesta. Es el reino del absurdo, de la insensatez. Respaldado de un modo que a veces parece impenetrable por la repetición y la diseminación por el mundo de la careta de revolución para los pobres. Locura.

Hace un par de días, muy cerca donde yo vivo, ladrones entran por la ventana a una casa donde se celebraba una fiesta. Queda muerto de un disparo el dueño de casa en medio de la sala junto a uno de los ladrones. ¿Puede medirse el trauma psicológico de esa familia? Dramas así se repiten una y otra vez en todas las ciudades venezolanas. Y sobre todo en las áreas marginales. En el mismo fin de semana del crimen que narro murieron en Caracas sesenta personas. Más que en las guerras de Afganistán o Irak.

El que en este momento trabaje en escuelas para zonas de suburbio cercanas a Caracas me ha revelado descarnadamente que en muchos espacios de este país no existe la ley. El Tuy, que es la zona de las escuelas, es una región dominada por mafias de todo tipo. Donde ha habido muchos días en los cuales no se podía trabajar por los enfrentamientos de bandas armadas.

Los niveles de corrupción son de tal dimensión que se conocen y se comentan con estupor y a veces como cosa natural en todos los niveles. El dinero corre a favor de una constelación de aprovechadores, amigos de generales o de miembros del partido del gobierno.

Desde ese mismo partido, por ejemplo, se programan invasiones de terrenos privados para dar la ilusión de que los invasores van a ser favorecidos por un programa de construcción de viviendas improvisado al calor de las inmensas carencias que las catástrofes naturales han agravado. Con esas medidas se quiere ir a las elecciones con el viento de la esperanza a favor. La despreciada lógica indica que las metas no podrán ser cumplidas pero diariamente se lanzan proyectos basados en el manejo irresponsable del dinero del Estado petrolero (que por eso mismo se malgasta sin pudor).

Es una situación increíble la que vivimos aquí. Una vez que esta pantomima política controló todos los mecanismos de Poder, ha decidido usarlos fuera de toda lógica y ajenos a cualquier necesidad de justificación racional. El norte parece ser la destrucción de todo, (se ha dicho ya desde hace años y tiene visos de verdad) para que desde las cenizas surja la alborada revolucionaria verdadera. Eso se dice, claro, de la boca para afuera y es bien recibido por mucha gente que prefiere creer en esos fantasmas.

Ante eso, y ello puede ser motivo de verdadera esperanza, la población que espera superar esta larga subversión de toda lógica, ya mayoritaria pese a las manipulaciones electorales descarnadas y evidentes, pone su mirada en las elecciones del año próximo que serán la oportunidad para que se devalúe de modo más permanente experiencias como las que vivido en Venezuela, basadas en la mentira, la manipulación y también, es lamentable, en la ingenuidad de muchos.

Por eso, el tema de hoy regresa a lo local. Nos duele demasiado. Nos indigna.

 

¡QUE VENGA ESPAÑA!

Oscar Tenreiro / 14 de agosto 2011

Hay un aspecto en el que las dictaduras de izquierda van más lejos que las de derecha: en su desprecio por justificar sus acciones con argumentos técnicos, no ideológicos. Lo que decidan hacer está justificado porque se hace en nombre del bienestar del pueblo, del sacrificio de los menos para enaltecer a los más, de la abnegación por los humildes, de la denuncia del siniestro capitalismo. No hay necesidad de decir más. En los temas militares y guerreristas son iguales a sus congéneres del totalitarismo fascista, pero en esto son distintos: son dueños del Poder y ese Poder es Popular, por lo cual están ya, por definición, del lado bueno. Así que no se molestan como por ejemplo se molestaban Gómez y Pérez Jiménez (en Venezuela) por decir: se hace esto para mejorar aquello, porque conviene. porque hay necesidad, por lo que sea, buscando la justificación racional. La ideológica ocupaba un segundo plano.

Eso nos lo muestra nuestra dictadura venezolana. Para un observador foráneo debe quedar claro que las decisiones del poder público venezolano se originan en la “gana” de cualquier funcionario y de su interpretación del pensamiento del Jefe. Por absurdas que sean. Un rasgo que me llevó la semana pasada a ocuparme de los lemas de los “indignados” de España que llegan al error de simpatizar con parodias terribles y destructivas como la nuestra mirando en menos la democracia en la que viven.

Hoy me lo recuerda una noticia que involucra a España. La malquerida, según repite la revolución cada 12 de Octubre. El gobierno venezolano ha cerrado un contrato con una empresa española para producir 3200 viviendas en el Tuy (a 50km. de Caracas) por un monto de más de 180 millones de dólares. Con lo cual puede concluirse que Venezuela es un país tan atrasado que no puede construir viviendas y tiene que contratarlas fuera, en la Madre Patria y pagando en la moneda del Imperio.

Contratos.

Este contrato es uno más de una cadena en vigor desde hace años con empresas de Argentina, Uruguay, Brasil, Irán, Bielorusia, China y otros…; cuyos montos suman miles de millones. Dólares que vendrán de una empresa petrolera en crisis (PDVSA) con pasivos de más de 70 mil millones de dólares. ¿Cual puede ser la lógica de este sinsentido? No se necesita, fue decisión de un Caudillo infalible.

¿No señala eso un drama estridente e incomprensible? ¿Cómo es que hemos llegado a no tener medios ni legales ni políticos para  cuestionar o detener esta sangría de dinero hacia afuera, en un país que está deteriorándose por los cuatro costados?

Y si hay explicaciones que algunas hay, el hecho escueto es que todos terminamos aceptando lo inaceptable. Y mientras tanto algunos pre-candidatos presidenciales de la oposición se hacen entrevistar en CNN para hablar de “sueños” futuros, de que el país será mejor si confiamos, sin alborotar mucho. Y en presencia de tanto vacío se hace lo inimaginable por absurdo, a base de ríos de dólares a la mano de una corrupción de dimensiones igualmente absurdas.

Cómo hemos llegado a esto será motivo para análisis y discusiones, tal como se ha hecho con el nazismo y los demás fascismos, o con los totalitarismos soviético y chino. Como se discute sobre la Cuba que construyó con violencia militar un aparato represivo y aplastante. Como se habla de los países africanos con sus problemas tribales. O de los países árabes invocando pesos religiosos y culturales, herencias del imperialismo europeo.  Pero nuestros países tienen tradiciones democráticas que duran décadas, y la nuestra parecía sólida. ¿Será entonces nuestro carácter de petro-estado la explicación suficiente?

Indignación de verdad.

Me resulta difícil aceptarlo pero en fin de cuentas es así. El chorro de dólares tapa todos los huecos, colma todas las ambiciones, permite ignorar las razones económicas, alimenta la construcción sobre lemas, simplezas, taras populistas de todo tipo. Y en estos últimos años el chorro ha sido continuo como nunca en la historia. Y ha revelado, es vergonzoso, nuestros flancos más débiles, los de índole moral. Hasta convertir el ser venezolano en asunto casi de burla. Que nos duele y avergüenza. ¿Cómo hemos llegado a aceptar tanta locura?

Y lo que más me escandaliza, lo he dicho otras veces, es que este asunto de las viviendas, un ejemplo de los más gruesos, esté respaldado por profesionales que incluso (algunos de ellos) se pasean por aulas universitarias. Eso de ignorar nuestra capacidad de construir, de dejar pasar la oportunidad para proponer prototipos, de no explorar la eficacia de sistemas constructivos, de no usar los desarrollos de vivienda como propuestas de formación de ciudad, de no afrontar la necesidad de servicios educacionales, de salud o culturales como oportunidad para proponer arquitecturas nacidas de nuestra experiencia ¿debe perdonárseles a estos colegas asumiendo frente a ellos actitudes pasivas e indiferentes?

No lo creo. Hay que increparlos, pedirles explicaciones profesionales, acordes con su rol universitario, si lo tienen. Porque son cómplices de una inmensa irresponsabilidad. De la cual deberían avergonzarse porque han prescindido del conocimiento. Se pliegan a esquemas ideológicos arropados por el Poder, administradores de privilegios. Les llegará el momento de retirarse de su papel de voceros de un personaje patético que ha confiscado sus conciencias, para disfrutar de buenos ahorros.

Tenemos que expresar nuestra indignación. No la que se vocea acampando en una plaza ejerciendo la ciudadanía, sino la de quien ve su país caerse a pedazos, moral y económicamente. Y se siente impotente porque le robaron la lógica junto con sus derechos democráticos. Dejándole el de escribir sin consecuencias.

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Acerca de castroferro

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