Margarita es una lágrima

Oscar Tenreiro /14 Agosto 2007

A pesar de todas las virtudes de la “explosión” inmobiliaria reportada en El Nacional del Domingo pasado, no logro ver en Margarita, salvo en algunos fragmentos, un tipo de desarrollo turístico deseable. Es más, hay un estancamiento que me alarma. El grueso de la oferta sigue siendo el comercio del Puerto Libre y queda en segundo plano la naturaleza o ese bien esencial de la isla que es la cultura de la pesca, viva y dinámica pese a todas las amenazas, única en el Caribe y en torno a la cual se podrían desarrollar múltiples escenarios.

Y si la “explosión” tiene a todos los comerciantes o constructores contentos, y muchos gozan con sambiles y rumbas, menos contentos estamos los turistas puros y simples, los que vamos a disfrutar, con nuestras familias, del mar, del sol, de la naturaleza en general…y de la comida oriental. Porque hay problemas que parecen no tener solución a la vista.

En primer lugar está el ferry, siempre impuntual, siempre fallándole algo, siempre abusando de los pasajeros, siempre ganando dinero sin ocuparse de construir terminales dignos de ese nombre. Sobre todo el de Punta de Piedras, un verdadero asco.

Después la consagración del automóvil como único medio de transporte, sin un transporte público que permita ni al turista ni al habitante desplazarse en forma económica y rápida. Ignorando además a un instrumento como el ciclismo tan factible en esa topografía, que permitiría la creación de hermosísimos circuitos que incluso facilitarían el desplazamiento de la población, además del turista.

Es chocante la ausencia de toda tutela ordenadora de la forma de utilizar la playas. En Playa El Agua los vehículos invaden la fachada urbana; y la franja en la que podría crearse un boulevard sigue llena de locales improvisados, sobre todo en el extremo Sur. En Playa Parguito los vehículos se estacionan donde pueden, los toldos se amontonan, los surfistas comparten con los bañistas violando todas las normas de seguridad de ese deporte. Playa Guacuco pasa largas temporadas inutilizada por las algas que se pudren bajo el sol (si las algas no pueden evitarse ¿podrían al menos recogerse diariamente?). Manzanillo está sucio. Puerto Cruz carece de todo servicio siendo una de las mejores playas de olas de la isla. Playa Caribe sufre el mismo problema del estacionamiento indiscriminado y luce enajenada por locales que pasan de dueño en dueño dejando la herencia de edificios semiruinosos y toldos raídos. Pedro González y su playa La Zaragoza lo tiene todo para ser un lugar muy especial, pero, de nuevo, suciedad, descuido. Y finalmente Juan Griego con sus espectaculares atardeceres y su Fortín es un pueblo entregado a la voracidad del comercio donde nada ha cambiado por décadas.

Todo esto termina dándole valor a sitios como Punta Arenas y El Yaque, distantes, menos accesibles a un turismo sin carro. El Yaque está dedicado al windsurf internacional y eso le ha permitido un cierto orden y la construcción de hoteles pequeños. Se la pasa bien pero todavía mucho podría hacerse.

Si hablamos de Coche y Cubagua, uno se sorprende de que todavía no haya un transporte marítimo cómodo, regular y económico que los una a Margarita, aparte de la chalana que sale de Punta de Piedras. A pesar de ello, allí han germinado iniciativas privadas con transporte propio que figuran como destino internacional para windsurf y kitesurf. Pero la isla misma sigue relegada. San Pedro de Coche vive la misma situación rural y aislada de muchos años atrás, así como El Guamache, El Bichar, o Güinima hermosos pueblitos que descansan junto a un mar tranquilo.

En cuanto a Cubagua, todavía están, como las vimos hace cincuenta años, sin protección alguna, las ruinas de Nueva Cádiz excavadas por Cruxent. Ni noticias de un Museo de Sitio que evoque el fabuloso pasado perlífero que convirtió a Margarita en mito.

Y concluyo con el problema del agua, que no es sólo de suministro sino de calidad, hasta el punto de que las visitas a Margarita terminan regularmente con epidemias familiares que afectan principalmente a los niños. Se dice abiertamente que el agua de Margarita no es realmente potable.

He descrito un conjunto de problemas que poco tienen que ver con la Margarita comercial, del “todo incluído” o de los resorts y no parecen afectar demasiado al turismo de “paquetes”. Ni a las iniciativas individuales, algunas de muy buena calidad, en materia de restaurantes caros o sitios exclusivos. Me refiero más bien al “continuum”, al escenario urbano que exige un turismo al alcance de la mayoría, un escenario que requiere la intervención del sector público en plan de regulación, de promoción o de creación de modelos a seguir.

Y aquí nos topamos con la política.

Por una parte está la “revolución”, que predica una cosa con las palabras y hace otra en los hechos. ¿Cuál mejor sitio para promover una actitud distinta ante el turismo que la Isla de Margarita? Una actitud que vaya hacia el disfrute de lo natural, hacer accesible a todos, de manera controlada, los dones de la naturaleza ¿No sería allí, un destino turístico interno ya establecido, donde tendría el “nuevo” estado venezolano, que demostrar sus intenciones de cambio? Pues allí nada se ha hecho distinto de lo que hacía la Cuarta. Titina prefiere invertir 60 o 70 millones de dólares en un teleférico que nunca podría ser masivo y por lo tanto conviene al Estado que esté en manos privadas, en vez de, por ejemplo, financiar un Proyecto Urbano ejemplar en el circuito de playas del noreste margariteño, que costaría la mitad y sobraría plata para el acueducto. No sabemos si la idea fue de ella o recibió instrucciones, pero es un error grave, que muy poco beneficia al pueblo.

Y no sabemos si a Conferry no se la toca porque hay algún pacto secreto, porque si hay un servicio público en Venezuela que debería ser intervenido sería ese.

Cualquiera me puede decir que como el gobernador es adeco, a eso se debe la inacción del Estado Central. Sería una muestra más de cinismo “revolucionario”.

Pero hablemos de ese Gobernador de “oposición”. ¿Ha anunciado planes en alguno de los sentidos anotados? En la entrevista que le hicieron en El Nacional se limitó a evadir las preguntas que pudieran enemistarlo con el régimen y recitar el libreto de todos los gobernadores de la cuarta y de la quinta.

¿Es eso lo que nos propone “una cierta oposición”? ¿Qué los eternos negociantes estén todos muy contentos y lo demás es la rutina de la “acción de gobierno”? Hacer negocios está bien, pero lo primero es lo primero, y allí, el papel del Estado, en todos sus niveles, es de la mayor importancia en un país que en definitiva ha sido siempre pasto de los negociantes, con y sin “revolución”. En Margarita sin duda hay nichos que funcionan, hay lugares que permiten un disfrute sano, hay mucha gente que lo está haciendo bien. Pero hay demasiado por hacer y no hay derecho que se imponga una especie de pacto entre un Estado Central movido sobre todo por los esquemas dictados desde arriba y unas autoridades locales sin nada nuevo que ofrecer. Y ni hablemos de los Alcaldes que se mueven como que si gestionaran unos caseríos y no un destino turístico internacional.

Lo que ocurre en Margarita acaso ilustra lo que ha sido la gran tragedia venezolana: la oscilación entre un “credo revolucionario” fundado en las palabras y los lemas a partir del cual se actúa sin dirección clara y muchas veces en contra de lo que el credo sostiene; y un “dejar hacer, dejar pasar” que sostiene los hábitos de una atrasada política de sancocho y dominó para satisfacer a amigos y allegados sin tocar los intereses particulares. Y no está demás decir, para retenerlo, que los que se adhieren a credos al menos revelan interés por las ideas; y eso no deja de ser un avance para una sociedad que es indiferente a ellas. Porque la ética, la moral en suma, echa raíces en las ideas.

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Acerca de castroferro

estudio de arquitectura y diseño formado por Jordi Castro María G. Ferro www.castroferro.com
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