INTERREGNO

Oscar Tenreiro

Desde hace varias semanas me vengo preguntando sobre mi permanencia en este espacio electrónico. Quienes lo siguen se habrán dado cuenta de mis dudas porque mis intervenciones se han hecho irregulares.

Y es que el impulso que me llevó a iniciarlo, vinculado estrechamente a mis colaboraciones semanales iniciadas hace casi diez años en el diario venezolano TalCual, nacido como una voz disidente ante la locura que comenzó a apoderarse políticamente de Venezuela desde 1998, ha venido haciéndose cada vez menos intenso, por razones también estrechamente vinculadas con esa misma locura. Por una parte el asedio del Régimen obligó a TalCual a reducirse y eliminar desde Junio de 2015 la sección donde escribía, con lo cual, pese a todo lo que se dice de las redes sociales y lo poblado de lectores que está el espacio electrónico, me impactó como una especie de erosión: me pareció (será porque me hice persona mientras existían los periódicos impresos) que se estrechaba el ámbito para el cual escribía. Pero de todos modos seguí haciéndolo con el mismo entusiasmo y así he continuado hasta que fueron acorralándome las dudas acerca de las que escribo ahora.

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Ese deseo de revisión tiene sin duda relación con que Venezuela se ha convertido en un país detenido en el cual la supervivencia de cada quien es la máxima prioridad. Una camarilla de canallas, muchos de ellos delincuentes, patéticos ejemplos del hombre nuevo prometido por la revolución bolivariana, herederos de un largo proceso de perversión de las instituciones que les ha permitido controlar el Poder y obstaculizar la expresión de la voluntad popular, apoyados por una red de represión intimidatoria extendida por todos los niveles de lo público, tanto los tradicionales como los creados a instancias de la burocracia represiva cubana que lo ha penetrado todo, se niega a reconocer la realidad e insiste en cerrarle el paso a todo intento de restitución de los derechos democráticos.  Y sirve de marco protector de un saqueo de los dineros públicos de una magnitud abrumadora: la corrupción es su norma moral.

Y sostienen una política económica tan absurda como los argumentos puramente ideológicos que la justifican, razón fundamental de un proceso general de empobrecimiento de magnitudes pavorosas, inédito en la historia nacional y en el ámbito universal, el cual a pesar de que las grandes mayorías venezolanas en elecciones recientes se pronunciaron claramente por un cambio político, no se detiene o cambia de rumbo porque un control institucional abiertamente dictatorial lo permite, control cuyo objetivo evidente es preservar el dominio del Poder para evitar que la camarilla comparezca ante una justicia libre. Asociado a un adoctrinamiento intenso y persistente ejercido en todos los niveles y escenarios a lo largo de más de una década.

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Y es precisamente eso, convertir al Poder en una tabla de salvación para unos pocos por encima de cualquier proyecto colectivo, desmintiendo todas las protestas de redención de los humildes que se enarbolaron como coartada en los años iniciales, lo que revela la bajeza moral del Régimen. Su abuso de la palabra revolución, utilizada sólo para embaucar o justificarse hasta impulsar la catástrofe que es el ahogamiento de la democracia en una sociedad que ha luchado a lo largo de su historia para ganarla y preservarla. Catástrofe que mucha gente en el mundo ya reconoce, pese a lo doloroso que resulta la prudencia de la dirigencia democrática de nuestro continente frente a lo que está ocurriendo aquí, frente a esta tragedia de la lógica, del entendimiento, de la honestidad, de la ética y su prolongación en los fundamentos del Estado de Derecho. Doloroso e injustificable. Imposible aceptarlo aunque entendamos que es así como funciona la solidaridad diplomática, tan cautelosamente que en definitiva la ruindad se sale con la suya.

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La parálisis del país es análoga a la que se sufriría en los centros urbanos de retaguardia, como efecto de una guerra. Podría pensarse que estoy exagerando porque en los medios de comunicación los presupuestos de publicidad siguen tratando de que el escaso poder de consumo se oriente hacia quien paga la pauta, pero habría que recordar que en los momentos más álgidos de la Segunda Guerra Mundial, en Berlín o Nueva York seguían funcionando los restaurantes costosos y se bailaba hasta altas horas de la noche; o en Damasco, hoy, se sirven platos de alta cocina y la gente circula con normalidad mientras miles de refugiados, sus compatriotas, sufren tratando de ser aceptados por países enredados en prejuicios racistas. Contraste que hacía notar en estos días el periodista norteamericano Declan Walsh, en un reportaje para el New York Times.

Hasta da risa por lo absurdo ver, como recientemente en las trasmisiones deportivas internacionales, que la publicidad específica para Venezuela era la de una marca de relojes carísimos y la de un banco respaldado por una cancioncita sentimental y cursi que muestra caras felices manipulando dinero. Tan absurdo y falso como la andanada de declaraciones cínicas que se vienen haciendo desde la llamada Conferencia de los No Alineados que se desarrolla actualmente en nuestra Isla de Margarita, cónclave de regímenes dictatoriales o autoritarios (allí está nada menos que Corea del Norte, amenazando) que incluye representaciones diplomáticas de algunos países democráticos que con su presencia allí revelan su inconsistencia política, su incoherencia ideológica.

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Todo lo que vengo diciendo habla de la desaparición (que sabemos coyuntural pero que dura ya años) de las referencias que nos han identificado a lo largo de la vida con la sociedad donde nacimos y nos hicimos personas. Desaparición que no ha sido a causa del cambio normal de las cosas con el paso del tiempo, sino por la interferencia interesada de fuerzas surgidas del abuso y la violencia política. Esa es la cara más negativa, la verdaderamente lamentable de procesos como el que ha vivido Venezuela y que tristemente han sido comunes en la historia de América Latina. Si esa especie de borrón incluye el marco afectivo que nos esforzamos en construir durante años, destruyendo amistades, seduciendo a quienes creíamos fuertes, desorientando a los más centrados, separando familias, invitando a la huida, ya no es sólo algo de lamentar, sino que se somete a prueba nuestro equilibrio psíquico. Y en edades como la mía, cuando uno se sabe cerca del retiro definitivo, te invita a preguntarte hacia donde orientar los esfuerzos. De una pregunta análoga pero no tan marcada por la idea de que el tiempo se agota surgió la decisión de comenzar a escribir en TalCual y darle forma a este Blog algunos años después. Y me entregué a la tarea de vincular las preguntas universales respecto a la arquitectura, a edificios específicos y los arquitectos que nos han interesado, a la historia, a las principales dimensiones de nuestra disciplina, siempre a través del sesgo local, filtradas con nuestra circunstancia. También he hecho lo posible por contribuir a que pensemos críticamente los acontecimientos venezolanos, lo cual hoy se ha extendido fuertemente revelando la importancia del malestar colectivo con el Régimen. Artículos, ensayos, libros se publican dando cuenta de toda la amplitud del desastre, ante lo cual parece que no es necesario agregar otra voz, sumar otros enfoques: la llamada a dar testimonio que me impulsó al comienzo de mis esfuerzos se ha modificado, tiene otro carácter.

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Todo el panorama actual, en definitiva, me agudiza el deseo persistente de pensar hacia adentro. Me lleva a preguntarme donde debo seguir escribiendo. No sobre si debo o no hacerlo, sino donde.

Y he decidido hacerlo para mí, para consumo personal. Entro en otra etapa en la cual necesito moverme de otra manera.

Me atrae, y casi me parece urgente, recorrer en plan memorioso mi pasado, tal como lo he hecho fragmentariamente en las Confecciones de las últimas semanas. Se trata de un acercamiento a lo íntimo, espacio que es una dimensión algo extraña a lo que ha sido este Blog desde su comienzo (lo habrán percibido así, me imagino, los lectores) y que por eso mismo me propone otro ámbito, un medio distinto para comunicarme.

El instrumento no será una escritura atada a la comparecencia semanal y la actualidad. Debo escribir sin finalidades inmediatas.

No clausuro el blog, de cuando en cuando regresaré.

 

(Hacer los comentarios a través de la dirección otenreiroblog@gmail.com)

CONFECCIONES (24)

Oscar Tenreiro

Un amigo arquitecto gallego, treinta y tantos años más joven que yo, me escribe el pasado 15 de Agosto:

“Je vous salue Marie”…Hace apenas una hora hemos dejado Notre Dame du Haut, Ronchamp, después de pasar el día de romería…Hoy es un día grande, Santa María. Y hoy ha sido un día bien emocionante. Ver otra vez la capilla de Corbu, y verla llena de verdad popular en el momento de la celebración de la Eucaristía en su día grande ha sido un verdadero regalo…le puse unas cuantas velas a la Virgen que lucía radiante, luminosa, en su día, allá arriba entre los verdes, amarillos y rojos con que el maestro pintó la hornacina que la guarda (hoy vi como giraba a la tarde para volver a mirar hacia dentro de la capilla. Pasó el día mirando a naciente)…

Qué decir de esta obra maestra de Le Corbusier. Creo que nunca la había visto tan hermosa, tan elocuente y sabia. Cuanta grandeza en tanta humildad…

Notre Dame du Haut, Ronchamp, el pasado 15 de Agosto.

Notre Dame du Haut, Ronchamp, el pasado 15 de Agosto.

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Esas palabras me llegaron en un momento en el cual el ánimo quería seguir trabado por esas realidades funestas que los venezolanos de hoy vivimos habitualmente y que conspiran contra nuestra capacidad de elevarnos sobre las circunstancias. Un momento gris que se suma a otros también grises y a veces forman barrera.

Y despertaron en mí reminiscencias.

Que me llevaron en muchas direcciones, una de ellas hacia mi llegada a Chile un trece de Agosto de 1960 para iniciar mi vida adulta, casarme, fundar un hogar, teniendo muy presente que dos días después se celebraba la fiesta de la Asunción de la Virgen (de la Dormition como se la ha llamado desde los primeros siglos). Coincidencia de fechas que veía de modo especial en esos tiempos juveniles.

Y sentí el impulso de escribir sobre eso, sobre la coincidencia de entonces y la de ahora.

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Regresé hacia la Asunción y me impactó descubrir, tanto tiempo después de creer lo contrario, que la Dormition no se menciona en las Escrituras. No lo sabía y me asaltó el desconcierto. ¿Otro argumento más a favor de la duda?

Pero la reminiscencia era rica, amplia, y me llevó al primer libro que leí de Karl Gustav Jung, Respuesta a Job, que incluye una sección que me dejó una marca profunda que ahora reaparecía, comentario a la proclamación el 1º de Noviembre de 1950 por el Papa Pío XII (apenas dos años antes de la publicación del libro) del Dogma de la Asunción de la Virgen María. Y allí estaba en la web el texto completo del libro y al final el capítulo 19, titulado El Dogma de la Asunción de donde extraigo este fragmento, ahora lleno de nuevo sentido: “…Para la orientación histórica y racionalista, la Asunción significa una bofetada en el rostro, y lo seguirá significando mientras quiera seguir aferrada a los argumentos de la razón y de la historia…”

Ese salto por encima de lo histórico-racional para radicarse en la Fe podía en alguna forma, (sin que en ese tiempo juvenil estuviera yo consciente de ello), resumir mi actitud hace más de cincuenta años ante lo que la vida me iba ofreciendo. Y en ello, por motivos que sería largo explicar aquí, tuvo un papel muy fuerte je vous salue Marie. Por eso el 15 de Agosto nunca ha dejado de hablarme, como ahora me habló, más allá de los movimientos espasmódicos o problemáticos de mi fe religiosa.

La Dormition de la Virgen María, de Fra Angelico (1395-1455)

La Dormition de la Virgen María, de Fra Angelico (1395-1455)

La Dormition de Andrea Mantegna (1431-1506)

La Dormition de Andrea Mantegna (1431-1506)

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En la Respuesta a Job, hay muchas cosas que arrojan luz.

Por ejemplo, en el Prólogo:

…todo el que habla de estos temas corre el peligro de caer en uno de los dos bandos en pugna en torno de estos objetos. Esta disputa tiene su fundamento en el peculiar presupuesto de que algo es “verdadero” únicamente cuando se presenta o ha presentado como hecho “físico”…. El que algo sea una realidad “física” no es el único criterio de verdad. También existen realidades “anímicas”, las cuales no pueden ni explicarse ni probarse, pero tampoco negarse, físicamente.

Y ya en el capítulo sobre la Asunción:

…Desde hace más de 1000 años se daba por hecho que la madre de Dios se encontraba junto a la TrinidadPero una verdad de este género no se abre paso en el tiempo hasta que no es proclamada o redescubierta solemnemente

El 15 de Agosto me habló pues de nuevo. Enriquecí mi perspectiva de un tema difícil para quien soy hoy. Ahora habló a un hombre más prevenido, menos abierto, marcado ya por dudas y preguntas, el Otro del cuento de Borges (…el hombre de ayer no es el hombre de hoy sentenció algún griego…), a quien le ha sido necesario un gran esfuerzo para entender los mensajes que de modo tan sorpresivo surgían desde las frases espontáneas de mi amigo.

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Venidas desde un monumento que tiene mucho de mítico para nosotros los arquitectos. Donde se expresaron los dones de un hombre que siendo activísimo portavoz de un racionalismo de ruptura nunca dejó de tener conciencia de que la capacidad de la arquitectura para conmover constituía su atributo central, su objetivo más alto. Conciencia que le permitió abrirse al sentido de lo sagrado (…le sens du sacré…) y pronunciar una oración escrita con esa admirable caligrafía que echa raíces en el conocimiento técnico, y se expande en el concierto ordenado, riguroso, de muros y superficies, texturas, colores y la ausencia de ellos, de manejo de la luz, todo orientado como propósito último (esa secreta esperanza que todos los arquitectos tenemos y sólo en algunos se da) a dar cumplimiento a la tarea de convertir el edificio en homenaje, en este caso al misterio personificado por la Virgen en su hornacina. Un homenaje que mi amigo acierta al llamarlo grandeza basada en la humildad, atributo que le da al monumento el carácter de testimonio espiritual, o cultural si se prefiere, en el sentido más profundo de la palabra.

Es un modo de entender la arquitectura que hoy parece relegado, oscurecido por la codicia, pecado original de nosotros los arquitectos, siempre atraídos por causar efecto, por el brillo, por el pulimento, por el refinamiento. Con ese carácter su imagen permanece en nuestra sensibilidad. Ese monumento en el tope de una colina que era sagrada ya en los muy antiguos tiempos, se ha convertido, milagro de la gran arquitectura, en símbolo de la realidad del alma, de la cual habla también Jung en el texto que redescubrí. La emoción de un amigo perteneciente a otras generaciones, otras realidades geográficas y culturales, otros mundos de afectos, se hicieron mi emoción y a partir de ella se desplegaron muchos estímulos. Esa es la gran virtud del Arte, de las obras del ser humano que han logrado trascender.

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Pero tenía otras cosas que decirme el 15 de Agosto, en este momento tan oscuro que vivimos aquí, y que, insisto en ello, pesa sobre nuestro ánimo de un modo que a ratos parece definitivo. Somos objeto los venezolanos de un ejercicio de la malignidad desde el Poder político, de la manipulación, del abuso más despiadado, de un modo que nunca pensamos que sería posible y que lleva ya demasiado tiempo erosionando nuestra capacidad de resistencia.

Me apoyo entonces en el mensaje de estos momentos de reminiscencia, y regreso a lo vivido no para verlo con nostalgia sino para tomar nuevo impulso ante la realidad que se nos ofrece, problemática, difícil, confiado en que un espacio nuevo debe nacer, tiene que nacer.

Eso estaba ante mí cuando hace cincuenta y tantos años pretendía abrir un nuevo capítulo vital en un país lejano al nuestro que en ese momento parecía encerrar muchas enseñanzas. Desde allí creía ver abrirse caminos de realización. Y así fue. Más allá de los tropiezos, las señales más importantes permanecieron por encima de la confusión ocasional, de algún desvarío, de la desorientación, y me permiten hoy hacer estas reflexiones.

Desde esas vivencias reeditadas, enriquecidas, puedo decir con convicción que el próximo primer día de Septiembre será derrotada en mi país la mentira como programa político, la iniquidad como instrumento de sujeción. Me permite suponerlo la intensidad con la que me llegan las emociones de aquel 13 de Agosto lejano, antesala de una conmemoración solemne. Y se suma a ellas, afirmando la esperanza, la fuerza simbólica de un edificio.

(Hacer los comentarios a través de la dirección otenreiroblog@gmail.com)

CONFECCIONES (23) – SOBRE LA IDEOLOGÍA

Oscar Tenreiro

Khizr Khan, musulmán americano, pronunció unas palabras ante la reciente Convención del Partido Demócrata de los Estados Unidos, que contienen algunos de los más definitivos argumentos en contra de los simplismos de Donald Trump. Y entre ellos destaco su convicción de que una persona no calificada nunca podrá llegar a la Presidencia de su país. Y lo hago porque en esa sencilla afirmación, cuya validez en la práctica interesa mucho menos que su dimensión ética, se resume una de las más notorias razones para explicar el drama político que vivimos los venezolanos. Porque una de las peores herencias que nos ha dejado el desenfrenado populismo que ha regido nuestra política es la idea de que para ser Presidente de la República lo único requerido es ganarse las simpatías generales, o de las mayorías más bulliciosas, sin que importen, precisamente, las calificaciones. Un dejar pasar que ha permitido que la demagogia, decir lo que la gente quiere oir, simplificar realidades complejas, halagar al elector común, mentir a conveniencia, representar un papel y hacerlo máscara, la insinceridad y la hipocresía en resumen, se hayan convertido en credencial suficiente para regir los destinos de nuestro país. Porque es un hecho que aquellos que integran la banda, la camarilla, que controla hoy el Poder venezolano carecen de las mínimas calificaciones, comenzando por quien la preside (en apariencia) desde la supuestamente más alta magistratura de nuestra sociedad.

Pero si eso es un hecho, el que gentes de alta formación académica o profesional acepten de buena gana que ese alto cargo, o los de un nivel similar, sean ocupados por improvisados, no es porque sean incapaces de identificar las perversidades del populismo basándose en razones análogas a las que manejan habitualmente en su rol social, sino porque se está respondiendo, lo he comentado en algunos escritos anteriores, a una racionalidad alterada, a una construcción ideológica. La ideología se ha hecho para ellos, como puede llegar a serlo para toda persona, en una sumatoria de ideas que se estructuraron como un código moral y fundamenta sus preferencias, lealtades y convicciones y muy especialmente el posicionamiento político.

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Menos claro es el por qué la ideología pareciera escaparse o hacerse extraña a la racionalidad. Por qué lo ideológico impulsa conductas inexplicables, en cierto modo irracionales o moralmente cuestionables en personas dadas al pensamiento que tienen a la mano en su historia personal y en el conocimiento que han adquirido de otros, capacidad de sobra para descubrir esa irracionalidad.

Es la muy trillada historia del intelectual o académico que abraza causas injustas, que perdona perversidades, que justifica lo injustificable. Que vi reaparecer luego de leer Adiós a la Verdad un libro de Gianni Vattimo (1936) que en líneas generales me interesó (sobre todo sus argumentos en relación a lo religioso) hasta que la lectura se vió ensombrecida por su posicionamiento político, que se caracterizó en un tiempo, no sé si ahora con la misma intensidad (el libro es del 2009), por su admiración a la llamada revolución bolivariana. Simpatía sobre la cual me llamó la atención mi hija Victoria, quien pernocta en el mundo de la filosofía, haciéndome saber algo que me interesó mucho: la posible comparación que puede existir entre filósofos de la estirpe de Vattimo y los que yo he llamado en muchas oportunidades arquitectos del espectáculo. Gentes en definitiva que hacen lo que hacen interesados sobre todo en recibir el aplauso de los cultores de la actualidad, y que en el caso de los arquitectos se transforma en un pasaporte seguro para la más floreciente prosperidad personal. Es el mundo del éxito, ni más ni menos, con sus exigencias y sus chantajes. A Vattimo le venía bien para ganarse partidarios, sobre todo entre las izquierdas dispuestas a aplaudir todos los exotismos que parecen subvertir lo establecido, decir bien de nuestro Ausente pasando por alto sus malevolencias y arbitrariedades, los atropellos a la democracia y las manipulaciones a favor de su ambición de Poder que prepararon el terreno para la catástrofe actual.

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En fin de cuentas, esta ceguera por parte de importantes intelectuales ante la realidad política y sobre todo la catadura moral de los regímenes con los cuales simpatizan, ha sido casi un tópico, un tema recurrente. Trillado, tal como decía más arriba.

Pero además de la poca confianza que merece el olfato político de Vattimo y con ello las dudas que se despiertan sobre su coherencia intelectual, hay en su toma de posición respecto a un Régimen injusto, condición probada en todos los terrenos y a la vista de quien tenga un mínimo de agudeza, una alta dosis de irresponsabilidad, algo imperdonable en un filósofo.

Y es igualmente irresponsable a nivel local que Luis Britto García, sedicente escritor e intelectual venezolano quien dicho sea de paso se sitúa en un nivel bastante menor del de Vattimo (pese a los premios que le ha concedido el brazo cultural de la Dictadura cubana que es La Casa de las Américas), tenga la audacia de grabar un mensaje de apoyo a la revolución que se emite por las centenares de estaciones de radio al servicio de la hegemonía comunicacional del Régimen. Lo oí hace poco y me escandalizó que Britto sea capaz de ese gesto meloso y mediocre de apoyo a un Régimen que aparte de su giro hacia un autoritarismo dictatorial sigue empeñado en sostener una disparatada política económica que ha propiciado cuadros de precariedad y crisis generalizada de alimentación, salud y bienestar. Momentos en que el pueblo venezolano sufre como nunca en su historia.

Y lo de Britto García lo reproducen en el mundo de la arquitectura personas como el colega Fruto Vivas con su silencio calculado ante el drama político actual, ciego deliberado hacia la obscena corrupción presente en todas partes a niveles que parecen increíbles (como por ejemplo con el mercado negro del cemento, que él debe conocer como constructor, manejado por el generalato pública y desvergonzadamente) mientras sigue prodigando palabras y haciendo dibujos en un par de canales de televisión del Estado repitiendo una y otra vez el catecismo sobre arquitectura y saber constructivo popular que le han convertido en un autorizado exponente del folclore venezolano, mientras goza de la simpatía de la camarilla y los privilegios que concede. Yo no soy chavista, dijo una vez; los chavistas son frutistas. ¡Así se está por encima del bien y del mal!

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Pero volvamos a la cuestión ideológica.

Ya hemos esbozado explicaciones en escritos anteriores acerca de la incapacidad deliberada de estos hombres de pensamiento para ver las claras, en muchos casos clarísimas, manifestaciones del mal en los diferentes contextos. Es imposible que Neruda, por ejemplo, no tuviera noticias del genocidio promovido por el estalinismo, que Sartre a su vez ignorara el sufrimiento colectivo en los países sojuzgados por la Unión Soviética. Que Heidegger no intuyera el Holocausto. Que Alejo Carpentier no viese las iniquidades que se sucedieron en los años cubanos en los cuales disfrutó de su cargo diplomático y las comodidades y privilegios parisienses. Y podríamos citar muchos más ejemplos de gente del más alto nivel intelectual, de fama universal, que decidieron cerrar los ojos en nombre de una ideología (o de sus rencores personales) ante la cara terrible de la maldad.

Pero aquí entre nosotros, la deliberada ignorancia parece excesiva. Que se nieguen a ver que lo que ellos llaman revolución, hoy es sobre todo una asociación oligárquica que ampara gentes que cuando no han robado sin escrúpulos, o ignorado las bandas criminales que actúan impunemente, han disfrutado de los más obscenos privilegios para ellos, sus familias y allegados. Y aparte de eso ¿Cómo no darse por enterados del escandaloso fracaso económico, de las miles de obras anunciadas y no ejecutadas, comenzadas y abandonadas, realizadas inadecuadamente, del abandono de la infraestructura de servicios, electricidad, agua, vialidad, del aumento de las áreas marginales, del deterioro urbano generalizado; todo ello con el trasfondo de un saqueo de los recursos a manos de los revolucionarios que sin exagerar, lo he dicho una y otra vez, carece de precedentes en la historia universal de los últimos dos siglos? Porque Venezuela se ha convertido en un caso único de cómo se destruye a un pais a base de dinero, esa paradoja que no tiene otra explicación que el desbordamiento del absurdo político cuyo origen moral indiscutible reside en la falta de contrapesos ante la maldad como arma política, una de cuyas caras es la mentira, otra el cinismo, otra la hipocresía…. ¿Cómo no ver, no querer ver, tan drástico cuadro?

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Y aquí interviene una lectura adicional sobre la cuestión ideológica que nos permite responder a la pregunta inicial. La ideología suspende la racionalidad cuando se toma como fundamento esencial de una conducta, como código moral religioso o no religioso. Se convierte en pensamiento congelado, unitario, cristalizado, sin grietas ya que cualquiera que se acepte sería el origen de su derrumbe. La ideología se diferencia de la disposición a pensar, del pensamiento, del filosofar, porque es en definitiva un sistema estático, nada dispuesto al cambio. La ideología actúa como sustituto, como engañoso espejismo que obstaculiza a la racionalidad porque invade como una especie de cáncer el espacio intelectual de quien se deja capturar por ella.

Y no es que eso le ocurra solamente a los de aquel lado, es decir, a los que generalmente prescinden de todo fundamento religioso, a los intelectuales laicos, a los liberales como gustan decir en los Estados Unidos pretendiendo agrupar en una categoría excluyente a quienes se alejan de una fundamentación religiosa; no, también afecta a los de este lado a quienes apoyándose en su manera de vivir la Fe en la trascendencia, en cierto modo la alteran, la transforman, se alejan de sus principios…y a partir de esa alteración fabrican ideología.

Quien juzga que el origen religioso de sus puntos de vista sobre las cosas del mundo lo salva de congelarse en el sentido ideológico, pasa por alto la tendencia natural de esos esquemas a preservar a toda costa su condición unitaria. De tal modo que el deseo de darle legitimidad superior a los posicionamientos políticos (o de cualquier otro orden) justificándolos por su origen religioso no es sino una ilusión. Pueden ser tan sesgados como el más sesgado de los puntos de vista afirmados en una moral no religiosa. Importa mucho entonces reconocer que lo verdaderamente religioso si hablamos desde la tradición evangélica, deja fuera la construcción ideológica (A Dios lo que es de Dios….). A eso se debe que tantos movimientos que se denominan a sí mismos como cristianos hayan cometido tan evidentes equivocaciones políticas.

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Que a partir de los argumentos de Vattimo en el libro que mencioné se abra este espacio adicional de reflexión sobre lo ideológico, es lo que me interesó más de su lectura, fuera de su posicionamiento. Y una cosa que me llamó poderosamente la atención porque me despertó asociaciones que estaban queriendo aflorar como conciencia, es su idea de que el mensaje cristiano propone en definitiva la secularización de la sociedad, es decir, la Caridad como regla de conducta, la búsqueda del otro más allá de las diferencias, el Amor al Prójimo como convicción, todo lo cual apunta a la tolerancia, a la aceptación de la diversidad incluyendo la diversidad religiosa. Llega a decir Vattimo y lo suscribo enteramente, que Voltaire el laico, el anticlerical, en su prédica a favor de la tolerancia estaba siendo profundamente cristiano. ¿Y cómo negar que la Declaración de los Derechos del Hombre como aceptación del valor de la persona humana, es el más importante aporte de la Revolución Francesa a la Humanidad más allá de sus numerosos errores, y su consecuencia posterior los Derechos Humanos como los conocemos hoy, insurgen en la conciencia colectiva venidos directamente del mensaje evangélico? ¿Y que en virtud de esa misma constatación, es indudable que la democracia moderna, si avanzamos más allá de las estructuras de Poder que propone y nos centramos en su respeto integral al ser humano, está enraizada en lo más esencial del mensaje de Cristo?

Es por eso que no puede existir, desde el punto de vista cristiano, ya lo dijo con claridad en el siglo veinte Jacques Maritain, un Estado confesional. El Estado visto desde la perspectiva evangélica estaría abierto a toda diversidad incluyendo la religiosa, sería necesariamente laico, un asunto que muchas veces olvidan los mismos cristianos y parece estar en oportunidades fuera del alcance intelectual de la cleresía.

(Hacer los comentarios a través de la dirección otenreiroblog@gmail.com)