DIGRESIONES (6)

Oscar Tenreiro

Mis muy tempranas preguntas sobre la ausencia de la piedra en la arquitectura zarista me abrían, sin yo estar suficientemente consciente de ello, hacia dos temas centrales de nuestra disciplina: el de los materiales como portadores del alma de la obra y la cuestión de lo monumental. De lo primero ya hablé un poco; sobre lo segundo se me planteaban muchas preguntas y una respuesta parcial que ya he tocado en las líneas anteriores: lo monumental no está sólo en la hipérbole, en el deseo de impresionar con las dimensiones, reside en las proporciones, en la relación del edificio con el hombre; y puede ser monumental incluso lo muy pequeño. Pero en aquella arquitectura con la cual Pedro el Grande y Catalina II su alemana sucesora querían demostrarle a Occidente que en tierras frías y distantes, en las fronteras asiáticas, se escribía un nuevo capítulo para la arquitectura del prestigio, lo fundamental era el tamaño, la relación consigo misma, la arrogancia aumentada por el exceso de ornamentación. Sí, esa arquitectura era para mí, en ese momento, figura de cosas que detestaba.

Sabía sin embargo, me habían iniciado en ello las conversaciones entre estudiantes, los intercambios con los profesores, las imágenes recibidas y sus comentarios, que había arquitecturas del pasado portadoras de los valores con los cuales me identificaba. Ya lo había experimentado sin alcanzar a explicarlo con palabras en los monumentos góticos que había visitado: el esfuerzo por erguirse hacia lo alto nacía de la búsqueda de la solidaridad humana, interpelaba a los otros hombres llamándolos a concurrir en lo que nos supera a todos, lo sagrado. Un origen antagónico al de la arquitectura del prestigio que por encima de todo quiere demostrarle poder al otro, al prójimo que se quiere dominar. Porque si se quisiera refutar este argumento recurriendo al tópico de que el objetivo real en tiempos medievales era sostener el poder de la Iglesia, ello era una consecuencia por añadidura y no el motivo ostensible, el que movía y sostenía las voluntades que concurrían para construir.

Esa idea estaba comenzando a florecer en mi conciencia, donde la hizo germinar la admiración de los pocos monumentos góticos que había conocido. Lo cierto es que era para mí la referencia más firme de una arquitectura basada en las proporciones humanas.

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Sin conocer bien las razones detrás de la intención de la búsqueda, conocía como el tema de las proporciones había ocupado a los arquitectos, y también que uno de los más sonoros entre los vivos y activos, Le Corbusier, había dedicado parte de su vida el estudio de la relación del hombre con las dimensiones del edificio, al Modulor, ese esfuerzo que hoy sé hasta cierto punto fracasado por establecer un canon dimensional al alcance de todos, objeto de la incomprensión intelectual que insiste en hacer del gran suizo-francés el culpable de todas las desviaciones que hemos recibido desde su tiempo histórico. Tampoco me era desconocido su desdén hacia la arrogancia imperial. Allí y en muchos ejemplos de la arquitectura construida huyendo de las rigideces académicas del siglo anterior, estaba presente lo que empezaba yo a entender como respeto a la escala humana.

Vieja edición (1963), a la mano.

Una página en particular que me ha sido útil

Un balcón de la Unité de Marsella (2008)

La altura del parapeto es la justa para sólo ver el mar y el cielo-Marsella, la terraza (2008)

¿Pero cómo expresar esa idea? Relación con el hombre deja demasiados cabos sueltos. ¿No fue el deseo de Corbu al sumergirse en las búsquedas del Modulor, delimitarla técnicamente para poder convertirla en conocimiento trasmisible? Sin duda, pero aún ese esfuerzo deja cabos sueltos. Porque un concepto de este tipo es siempre ambiguo. Lo sé hoy. Pero encuentro un modo de expresarlo y hasta ser preciso (me era imposible en tiempos adolescentes), mostrando lo que quiero decir, el instrumento por excelencia para trasmitir ciertas cosas del Arte y la Arquitectura: la ostentación. Puedo hablar de él señalando esto o aquello en un edificio, o recurrir como ejemplo a los testimonios de Corbu al trabajar las grandes dimensiones: en Marsella o Chandigarh sus edificios tienen esa cualidad, de otro modo inexpresable, de hablarnos del hombre.

Y ocurre que un par de años después de mi viaje a Rusia, conocí como la idea podía expresarse en el lenguaje poético. Específicamente en el de un personaje de L’Annonce faite à Marie, la obra de teatro de Paul Claudel (1868-1955) que yo vería al año siguiente y de la cual guardo el ejemplar que leí antes de verla representada una noche mientras aún estaba en Francia con mi beca venezolana de arquitecto recién graduado,

Dice el Aprendiz hablando del Maestro Constructor del cual es discípulo:

Me recuerdo como castigó a uno de nosotros que se quedaba todo el tiempo dibujando en su rincón:

Lo envió todo el día a los andamios con los albañiles para ayudarlos pasándoles sus herramientas y sus piedras, diciéndole que al final de la jornada sabría dos cosas mucho mejor que por la regla o el dibujo: el peso que un hombre puede cargar y la altura de su cuerpo.

Y al igual que la gracia de Dios multiplica cada una de nuestras buenas acciones

Es así que nos ha enseñado lo que él llama “la unidad de medida del Templo”, y este hogar de Dios del cual cada hombre hace lo que puede

Con su cuerpo, y como un fundamento secreto,

Lo que son la pulgada y la mano y el codo y nuestra envergadura y el brazo extendido y el círculo que se hace con él.

Y el pie y el paso,

Y como nada de eso es jamás lo mismo.

¿Cree usted que el cuerpo le fue indiferente al viejo Noé cuando hizo el Arca? ¿Es indiferente

El número de pasos que hay de la puerta al altar, y la altura en la cual está permitido al ojo elevarse, y el número de almas que los dos lados de la iglesia contienen reservados?

Porque el artista pagano hacía todo desde fuera, y nosotros hacemos todo por dentro como las abejas,

Y como el alma hace al cuerpo: nada es inerte, todo vive

Todo es acción de gracias.  

Lectura lejana que aún habla

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Y ya en ese mismo tiempo (permanecí en París poco más de un año con mi esposa y mi primer hijo) me habría de impresionar para alimentar aún más lo que mi intuición me había señalado, el contraste del Palacio de Fontainebleau con la fría grandiosidad de Versalles. Se me reveló en Fontainebleau un respeto, una consideración hacia las necesidades normales de la vida humana, que a mi parecer se oponía casi en forma polémica, como un contraste, con el deseo de construir escenarios para la vanidosa vida cortesana versallesca, imitados deformándolos aún más, agrego ahora, por la tosca y excesiva ornamentación de la arquitectura de los Zares. Ya he mencionado anteriormente esa cualidad de Fontainebleau, que se mostraba en ciertos rincones, lugares propicios para la vida apacible; no se había intentado convertir en tiranía, en marco rígido que gobernaba, la búsqueda de la monumentalidad, pese a sus nada despreciables dimensiones. No había perdido la discreción, la medida.

No sabía como explicar el origen de esas cualidades. Y aún, ahora cuando rememoro, me ha sido necesario releer, reconstruir experiencias, para darle sustento a lo que quería hacer notar planteando el contraste entre los dos espléndidos palacios de Francia. Esa es una de las cosas que nos regala la escritura: el mejor entender.

Y descubro lo que tal vez sabe cualquier francés de mediana cultura histórica: que con Fontainebleau se introdujo en Francia la arquitectura del Renacimiento. Cuando Francisco Primero Rey de Francia (1515-1547), decide mudarse en 1524 del castillo de Blois, situado en el Valle del Loira a poco menos de 200 km. de París y establecerse en Fontainebleau, había encargado de los trabajos de renovación y reconstrucción a un grupo de arquitectos (ya consolidada en Italia la profesión de Arquitecto) que cumplieron el papel de mensajeros de los códigos estéticos de la arquitectura del renacimiento italiano. Y decir Renacimiento es decir revalorización del hombre como intérprete y protagonista de la creación, es referirse a un espíritu de los tiempos, el humanismo enaltecedor de la persona.

Por otra parte, no puede dejar de mencionarse que Francisco I era un cultor de las artes y un admirador devoto de los grandes artistas del Renacimiento. Trató de llevarse a Francia a Miguel Ángel: en 1546, un año antes de su muerte, le escribió una carta personal proponiéndole se fuese a Francia, a la cual aquel respondió negativamente, ofreciéndole sin embargo hacer una obra para él que se agregaría a los dos esclavos de la tumba de Julio II que ya estaban en su poder. Pero logró atraer a Leonardo de Vinci quien vivió en la corte mientras su sede era el Castillo de Amboise (1515 al 19) antes de mudarse a Blois y luego a Fontainebleau. Allí quedó Leonardo, en el modesto castillo de Clos-Lucé, muy cerca del de Amboise (con el cual se comunicaba a través de un túnel), hasta su muerte en 1519. Su cuerpo reposa en la Capilla de San Humberto, parte del conjunto, y prosperó a lo largo del tiempo la leyenda de que su último suspiro lo había dado en los brazos del joven Rey Francisco.

Y por último, algo que no es un detalle: de su enorme colección de libros surgió, con el traslado a Fontainebleau desde Blois, la Biblioteca Nacional de Francia.

Fontainebleau-La Puerta Dorada está en la parte superior en el ultimo cuerpo (internet).

Fontainebleau (2008)

La entrada con la Escalera de la Herradura (Internet)

Detalle de la Escalera de la Herradura(2008)

Napoleon frente a la Escalera de la Herradura, un episodio histórico con símbolo de piedra.jpg

La Biblioteca de Fontainebleau podría ser un modelo de la biblioteca desmesurada (y sugerente) de Etienne Luis Boullée en tiempos de la Revolución Francesa

Étienne Louis Boullée (1728-1799) su biblioteca de tiempos revolucionarios.

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Ya sé ahora que los arquitectos de Fontainebleau eran Gilles Le Breton (fallece en 1553, autor de la Porte Dorée del Palacio), formado en Italia, responsable de la mayor parte de la construcción; en las etapas finales Philibert Delorme (1510-1570) y Sebastiano Serlio (1475-1574); y en las últimas remodelaciones Jean Bullant (1515-1578). Serlio y Delorme son bien conocidos por nosotros hoy. Serlio no sólo era arquitecto sino un tratadista de amplia repercusión e innovador de la arquitectura de su tiempo; él y Delorme entusiastas y activos humanistas; Bullant también un tratadista. Los tres pues verdaderos intelectuales, y si nos atenemos al simple ejemplo de la extraordinaria Porte Dorée, Breton era alguien excepcional. Ello habla de que Francisco Primero los llamó inspirado en el respeto e igualmente les otorga un peso que puede suponerse los protegía de los caprichos e impulsos reales, que en este caso debían estar atemperados por la alta cultura del soberano. Razón para que podamos considerar a Fontainebleau un ejemplo de arquitectura más fiel a los intereses de la disciplina que a las interferencias de la autoridad. Punto de vista que afirma lo que muchos años atrás la intuición quería revelarme: que los rasgos de la arquitectura dieciochesca caracterizados por el exceso y la desmesura son en realidad producto, no de un desarrollo estilístico autónomo, el barroco, como acostumbran a decírnoslo los historiadores; sino de la cada vez mayor injerencia en ella de la necesidad de expresar poder a toda costa como instrumento de las monarquías absolutistas que harán de su predominio global (en la Europa de entonces y en sus colonias del resto del mundo) su principal objetivo. Estela que se coló hacia el siglo de la Revolución Industrial como pura imitación (los estilos con el prefijo Neo) en los deseos representativos de las instituciones republicanas, y llevó a la arquitectura a un callejón sin salida del cual la tenía que rescatarla la modernidad.

La Puerta Dorada  (2008)

La Porte Dorée en grabado de la época

La Puerta Dorada-Detalle (2008)

Portada de la edición en español del Tratado de Serlio (Internet)

 

SUBVERSIÓN

Oscar Tenreiro

Lo que sigue no es una Digresión, el título es preciso así como lo son sus consecuencias.

Yo, Oscar Tenreiro, de domicilio conocido, expresándome públicamente a través de este Blog, estoy haciendo, consciente de lo que significa, un llamado a la subversión del pueblo venezolano ante la Dictadura que nos oprime.

Ya perdí la paciencia, como la han perdido millones de venezolanos, la de esperar que los delincuentes que dirigen el gobierno se den cuenta de que la inmensa mayoría del pueblo quiere que salgan del poder y que den cuenta de sus actos. Y digo, como parte de este alegato, con toda claridad, que efectivamente nos están dirigiendo, han confiscado el Poder de un país orgulloso de un pasado con nombres luminosos que ilustran el alcance de la lucha por construir una sociedad afirmada en los más altos valores; nos están dirigiendo repito, lo he dicho muchas veces, una camarilla de delincuentes. Y lo digo hoy abiertamente, directamente, porque no tengo nada que perder, cuento sólo con mi persona y con mi gente querida: Venezuela está dirigida por unos criminales. Diosdado Cabello, el capitán multimillonario, es un ladrón,  existen todas las pruebas que lo demuestran; Tareck El Aissami es un narcotraficante porque la denuncia que desde el exterior se hace está basada en evidencias que él no ha refutado;  se ha enriquecido y opera con testaferros. Aristóbulo Istúriz se enriqueció, directa o indirectamente y ahora es vocero de la ignominia. Y así muchos más, muchísimos hasta el punto de que la Dictadura se ha convertido en un caso único en la historia del robo de los dineros públicos; no los nombro porque sería demasiado largo y muchos de ellos operan en la sombra. Y en el tope de la pirámide está quien en definitiva funciona como su tabla de salvación, ese torpe personaje que se cree la reencarnación del ya fallecido irresponsable, comandante eterno de la maldad, ejemplo en el manejo de la mentira y el cinismo para un sucesor que lo imita de un modo que hierve la sangre; sí, a ese le costará muchísimo demostrar cuando ya no tenga la protección de sus bombas lacrimógenas y sus tanquetas blindadas, que no metió las manos en el tesoro público, que no tuvo privilegios indebidos, que no protegió con su influencia a conocidos e identificados criminales que hoy esperan sentencia.

Y es por su condición de criminales, lo hemos dicho muchas veces, lo sabe toda Venezuela y ya es tiempo de que se sepa con claridad en el mundo entero, que esos personajes nunca dejarán el Poder si no se ven obligados a ello.

Y sólo los obligará la subversión, llegó el momento de decirlo. Ya basta de eufemismos y temor a decir las cosas. Subversión como resistencia, subversión como negativa a volver a la normalidad,  es la única opción que tenemos para que se cumpla el deseo mayoritario, democrático y pacífico, de darle al poder público la indispensable decencia y dignidad mediante unas elecciones limpias que permitan la expresión real y sin interferencias de nuestro pueblo. Con reconocimiento pleno a nuestra legítima Asamblea Nacional. Sin presos políticos.  Subversión expresada en la negativa a ser pasivos. En sostener nuestro derecho a ocupar los espacios de la ciudad hasta que los delincuentes tomen las decisiones que abran el camino eleccionario.

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Y a los jóvenes especialmente tiene que dirigirse este llamado. Para recordarles que la normalidad sería para ellos la continuación del estancamiento pavoroso de un país que en las condiciones actuales no les ofrece nada para su futuro. Ustedes son los primeros que tienen que luchar porque no vuelva la normalidad. Que se mantenga la dificultad, que no cese un entorpecimiento dirigido también a despertar las conciencias de los eternos miedosos, de los pusilánimes de siempre, de los que nunca darán un paso arriesgado a menos que no tengan más remedio. ¡Y de eso se trata, de que no tengan más remedio que decir también como decimos todos que ya basta! A esos jóvenes les recuerdo lo que siempre le he dicho a mis hijos: que ser joven no puede ser una excusa sino un acicate para actuar. Los hijos propios pueden o no hacer caso de estos llamados que hago; los de los otros también pudiera ser que los ignoren, pero todo padre sabe que su deber es hacer llamados y esperar consecuencias, y así como insisto siempre con ellos lo hago ahora con los jóvenes posibles lectores de estas líneas cumpliendo en cierto modo un deber análogo, no de padre sino de ciudadano de edad mayor de este país que sufre. Los increpo y les pido que quiten la mirada de la computadora y las redes, que se alejen de la comodidad del aislamiento y se comprometan lanzándose a su ciudad, al espacio público, a compartir con otros directamente. Viéndoles la cara, compartiendo entusiasmo, una de las mayores gratificaciones de participar en las marchas que los venezolanos venimos haciendo durante todos estos años aciagos de opresión demagógica y falaz. Verles la cara a los que comparten tus angustias en una protesta visible, real, que se puede tocar con la mano, porque para eso, para tocarnos con la mano es que estamos en el mundo: para ser verdaderos, no fantasmas de la electrónica. Y les recuerdo, porque conviene tenerlo presente ya que a veces lo olvidamos, que quienes construyeron la sociedad en la que hemos vivido eran también muy jóvenes, acaso demasiado jóvenes cuando tuvieron que lanzarse a la calle, no sólo a compartir sino a impulsar la anormalidad. Que no pierdan de vista que el 19 de Abril de 1810 Simón Bolívar apenas tenía veintiséis años. Poca edad y sin embargo mucha para pronunciar aquella famosa frase dirigida a los demasiado pacientes: ¿Es que trescientos años de calma no bastan? Poca edad como la de una figura que no es de nuestra cultura ni nuestra geografía pero que resulta un ejemplo extraordinario de responsabilidad adolescente. Hablo de Juana de Arco nacida en una época en la cual las mujeres solo se consideraban aptas para servir, y sin embargo, con sólo diecisiete años dirigió los ejércitos de Francia. No le importó ser niña para sentirse responsable. Y la movió además, eso también es lo que me lleva a nombrarla, un ideal, un principio superior, un amor mayor a todos los amores, amor que anida en lo profundo de toda alma juvenil buscando manifestarse.

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Y finalmente quiero llamar a quienes dirigen mi Universidad, la Central de Venezuela donde fui profesor durante treinta y cinco años. Para reiterarles lo que ellos ya saben. Sí Señora Rectora, ya no es posible mantener abierta una Universidad que ha sido sometida a las más escandalosas humillaciones. La Universidad Central de Venezuela tiene que declararse en rebeldía, en apoyo a la resistencia, en voz principal de defensa de la absoluta necesidad de no regresar a normalidad alguna en las condiciones dictatoriales que hoy rigen en nuestro país. También les hablo a mis colegas profesores de la Facultad de Arquitectura. Pretender formar arquitectos en las condiciones venezolanas es una insensatez. En las Facultades de Arquitectura, tradicionalmente, siempre ha habido una conciencia especial de la importancia de reconocer el contexto donde se actúa para poder abrirle paso a una arquitectura con raíces. Y es indiscutible que en el contexto actual venezolano nunca será posible el surgimiento de una arquitectura capaz de convertirse en patrimonio de una cultura. Ese contexto tiene que cambiar porque además de todo lo que he dicho, ha creado las condiciones para convertir en cotidiano el crimen que nos acorrala a todos, sin dejar de nombrar los últimos asesinatos de estos días de protesta, terribles pérdidas que muestran hacia donde quiere llevar las cosas el actual poder político.

Siendo fiel a su historia, siendo fiel a la disciplina que es su razón de ser, disciplina basada en el juego tolerante entre los ciudadanos, obstaculizado hoy por la manipulación dictatorial, la Facultad de Arquitectura tiene el deber de convertirse en vanguardia de la resistencia. En guardián contra la vuelta a una normalidad que no será otra cosa que la aceptación de la hegemonía de la mentira, del cinismo y la corrupción.

¡EN VENEZUELA SE INSTITUCIONALIZÓ LA TORTURA!

El mundo debe saberlo y sobre todo aquellos que han seguido perdonando los excesos continuados del Régimen venezolano en nombre de excusas ideológicas. Los jóvenes que han sido detenidos en la últimas manifestaciones, luego de ser golpeados salvajemente, son torturados usando los métodos de las dictaduras más crueles. Cuando sus padres han podido llegar donde están presos, la condición que les ponen para liberarlos es que firmen un papel diciendo que están bien. ¿Qué padre no lo firmaría? ¿Qué preso no lo haría para escapar de la crueldad? Y lo peor: luego de tener el papel firmado llega el “Defensor del Pueblo” ficha del Régimen, y hace constar que “están bien”.

Se están repitiendo en Venezuela las cosas más terribles de las dictaduras del pasado, de eso se trata. Con el agravante de que ahora la “revolución bonita” haciendo uso del cinismo que ha sido su característica más perversa, ejercitada sin descanso por su fundador cuando vivía, y continuada por su despreciable sucesor, tiene hoy a su disposición todos los recursos de la tecnología de la información para aparentar inocencia. Por eso lanzo este grito indignado que sale de lo mas profundo de mi persona: ¡En Venezuela se humilla, en Venezuela se castiga, en Venezuela se tortura, en Venezuela se violan todos los derechos de quien disiente y lo expresa en el espacio público, en su ciudad, para decirle al Dictador y sus cómplices que nos devuelvan nuestra democracia!

Oscar Tenreiro

17 de Abril de 2017