El requisito para educar es la libertad

Oscar Tenreiro / 24 Abril 2008

Frank Lloyd Wright siempre buscó la comunicación con los más jóvenes. Deseaba que esa comunicación fuese completa, que participara de su visión el mundo, de sus convicciones, de su modo de vivir. Para ello era importante que se diera al abrigo de una atmósfera personal, creada por su arquitectura. Es muy coherente con su personalidad que no le interesaran las Escuelas de Arquitectura sino su escuela, la que él pudiese fundar.

Con ese espíritu construyó Taliesin, nombre galés (de Gales fueron los antepasados de Wright), que figura en un poema del siglo sexto: Y hoy me llamo Taliesin / He estado en el Cielo y en el Infierno / Estuve con Noé, durante la construcción del arca / Conozco los nombres de todas las estrellas / pero yo sigo siendo una maravilla inexplicada…

Esa alusión a la tarea de construir en tiempos primigenios pudo haber sido la razón para bautizar con ese nombre a ese hogar-escuela construido por él. Pero también cabe imaginar que Wright se identificara con el mito, tan consciente estaba de su mensaje pionero. Porque podría decirse de este arquitecto que en cierta manera fue una “maravilla inexplicada”, tan particular fue su personalidad, arrogante y muy centrada en sí mismo. Una maravilla que sin embargo no se satisfacía viéndose a sí mismo, sino que deseaba comunicar una visión, un espíritu, una vocación y algunas destrezas a los más jóvenes. Compró unas tierras en Spring Green, no muy lejos de los grandes lagos y del río Wisconsin, pradera con suaves ondulaciones extraordinariamente hermosa en la que construyó su casa, un molino (que bautizó de Romeo y Julieta), un granero, y diversas dependencias de dimensiones muy generosas para los talleres, aulas y habitaciones de los residentes.

Pocas veces en mi vida he tenido una impresión tan honda como la que me causó una visita a ese lugar hace veinte años, con un grupo de estudiantes. Hacía mucho frío, como es usual allí aún a comienzos del invierno y sin embargo la atmósfera era cálida, acogedora, marcada por la presencia que me gustaría llamar natural de la arquitectura, que invitaba al recorrido externo, al disfrute de la relación entre arquitectura y medio ambiente. Las formas arquitectónicas no son aún las del Wright maduro, es decir, expresión de una estética abiertamente moderna, sino en cierto modo tradicionales, pero ya comprometidas con una manera de manejar la organización interna que habría de ser uno de sus más grandes aportes, al buscar la fluidez del espacio interno a base de una planta que en cierto modo se “desparrama” en todas direcciones, manteniendo sin embargo la identidad de cada dependencia usando el mobiliario. Algo muy opuesto a las tesis del “raum plan” de su contemporáneo, el checo-austríaco Adolf Loos (1870-1933), que organiza los componentes de la planta a partir de una simetría axial, produciendo variaciones espaciales mediante desniveles; un recurso también usado por Wright. Innovó al manejar los materiales sin artificios, dejando la madera expuesta para que envejezca, o tratándola con pintura, tal como se hacía mucho en cierta arquitectura doméstica del Chicago de su juventud, usando ese rojo típico de los graneros americanos que vino a constituirse en un sello personal: el rojo de Wright. Y la piedra es piedra bruta, poco trabajada, aparejada dejando salientes entre las hiladas para acentuar su textura y su color, según una modalidad que se haría célebre en los años treinta gracias a su “casa de la cascada” cerca de Pittsburgh que fue seguida en todo el mundo y dejó aquí en Venezuela una ejemplo de mucho interés en la quinta “Piedra Azul” de Gustavo Wallis, en el Country Club.

Pero aparte de su valor arquitectónico, Taliesin, como dije, nace asociada a la enseñanza.

Wright deseaba formar a los más jóvenes y hacerlo buscando sobre todo trasmitirles una ética, una visión del mundo. Porque él fue siempre en cierto modo un moralista, no en un sentido tradicional sino en su intención de educar a través del trabajo, de la austeridad, de la vinculación con la naturaleza; y como arquitecto, en el conocimiento a fondo de los secretos de la construcción. Manejaba también una ritualidad en la convivencia que parecía monástica, vinculada tal vez a la herencia recibida de la familia de su padre, los Lloyd-Jones, miembros activos de la Iglesia unitaria, predicadores dominicales; ritualidad expresada en la imposición de un rígido horario que prescribía horas de conversación entre estudiantes, o de contacto personal con él, como maestro, de sesiones de música que valoraba especialmente, de eventos sociales a los que debía siempre asistirse vestido de manera formal. Gustaba igualmente de inscribir en sitios claves del edificio (como lo hizo por ejemplo en la chimenea de su propia casa), de la misma manera como se entronizan iconos religiosos, lemas que pudiéramos llamar “filosóficos” para destacar un principio moral. Uno de esos lemas era el radical “la Verdad contra el mundo”, de origen druida.

Uno de los aspectos esenciales de la visión de Wright de la enseñanza de la arquitectura era el de “aprender haciendo”, por lo cual se cultivaba en Taliesin el trabajo manual en diversas artesanías: el trabajo de la madera, de la piedra, del acero; además de exigirse en cada estudiante una participación rígida en el mantenimiento general del complejo, incluyendo el cuidado de los animales, del jardín. Todo ello combinado con el trabajo de proyecto, la respuesta a los temas de diseño arquitectónico, lo cual se hacía bajo la tutela de un cuerpo profesoral pequeño y la participación puntual mediante sesiones críticas o conferencias, del propio Wright. Era un método de enseñanza análogo al que desde hace décadas se practica en Chille, en la Universidad Católica de Valparaíso, bajo la conducción de Alberto Cruz.

Ese era el mundo del Taliesin original, ese de Wisconsin, donde se formaron muchos jóvenes arquitectos entre los cuales Rudolf Schindler, Richard Neutra o, mucho después, Jorn Utzon, es decir, figuras relevantes de la arquitectura internacional.

Una de las fachadas de Taliesin (Spring Green, Wisconsin, E.U.A.).

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Acerca de castroferro

estudio de arquitectura y diseño formado por Jordi Castro María G. Ferro www.castroferro.com
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