Otra caja de Dios

Sigurd Lewerentz (1885-1975) y Erik Gunnar Asplund (1885-1948) trabajaron juntos en varios proyectos, siendo el más conocido el del Cementerio Sur de Estocolmo, hoy Patrimonio de la Humanidad, construido a lo largo de muchos años, desde 1914 a 1940, año de la muerte de Asplund con tan sólo 55 años. Allí Lewerentz fue autor sobre todo del paisajismo y de la Capilla de la Resurrección (terminada en 1925), una sorprendente síntesis entre el lenguaje clásico y la sencillez racionalista de la modernidad filtrada por su sensibilidad clásica, cuyo espacio interno es una caja transformada dramáticamente por la luz natural que entra desde el Sur a través de una gran ventana enmarcada con motivos clásicos que dejan como protagonista sólo la luz solar hacia el altar y el sitio ritual del ataúd.

Tanto Lewerentz como Asplund abrazaron el lenguaje moderno relativamente tarde en sus vidas. Si el maestro finlandés Aalto, ya en su proyecto de la biblioteca de Viipuri de 1927, con apenas 29 años de edad y dos años después en el Sanatorio de Paimio, trabajaba activamente el lenguaje racionalista, Asplund-Lewerentz seguían una tradición neoclásica y solo fue con la Biblioteca Municipal de Estocolmo (1924-28) y sobre todo con la Exposición de Estocolmo de 1930 dedicada a la arquitectura moderna, cuando se afiliaron a la modernidad. Podría decirse que lo hicieron de modo militante con ocasión de la exposición (Asplund firmó un manifiesto pro-moderno titulado Acceptera!-Aceptad!- en esa ocasión) pero más tarde lo hicieron con reticencia dada su visión más libre del lenguaje arquitectónico.

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Luego de esos años y después de la guerra, se ha dicho que Lewerentz se desencantó de la arquitectura porque decidió dedicarse desde mediados de los años cuarenta a una empresa industrial (Idesta) que fabricaba marcos de puertas y ventanas además de utensilios de acero, durante más de dos décadas. Que haya sido así podría tener que ver con el impacto de la guerra y con el proceso seguido por la arquitectura en los años inmediatos, dominada por una visión reductiva que excluía, o dejaba en segundo plano, la elaboración cuidadosa y sensible de la pequeña escala, aspecto que, como su obra lo demuestra, era para él lo fundamental. Entre 1911 y 1916 fue socio de Torsten Stubelius (1883-1963), con quien construyó la Villa Gorthon, un restaurante de verano (un pabellón abierto con muy hermosos detalles constructivos) y algunas cosas menores, en Helsingborg, todas con la disciplina constructiva y el rigor que lo caracterizaba, común dentro de la tradición de lo que se ha llamado el Clasicismo Nórdico. Luego de ganar el concurso en 1916 para el Cementerio Oriental de Malmö construyó allí la Capilla de Santa Brígida; y poco antes de dedicarse a Idesta, la Capilla de la Esperanza o de Santa Gertrudis en 1943. Durante ese tiempo participó en muchos concursos ganando algunos y construyó diversas obras de pequeña escala que no han sobrevivido.

OTRA CAJA DE DIOS

Oscar Tenreiro

(publicado en el diario TalCual de  Caracas el 25 de Octubre de 2014)

Poco sabía de Sigurd Lewerentz (Bjarta, Suecia 1885 – Lund, Suecia 1975) cuando hace cerca de dos décadas una de mis estudiantes, Adriana Figueiras, radicada hoy en Alicante, me habló de él recién llegada a España donde es bien conocido y su obra estudiada. Aquí se hacía presente de modo leve por su relación con Erik Gunnar Asplund (1885-1940) su bien nombrado contemporáneo y socio por dos décadas, arquitecto clave en el desarrollo del llamado Clasicismo Nórdico.

En los primeros años de la década del cuarenta, Lewerentz, ya desvinculado de Asplund, se alejó mucho de la arquitectura luego de construir entre 1933 y 1944 la Ópera de Malmö, un edificio canónicamente moderno, correcto. Se acercó de nuevo a ella en la década anterior a su muerte. De ese tiempo es la Iglesia de San Marcos en Estocolmo; y más tarde (la terminó a sus 81 años), la capilla de San Pedro, en Klippan, cerca de Malmö, ambas cristianas luteranas

Y es esa capilla de San Pedro la que visitó hace poco el joven arquitecto gallego (de Vigo) Jordi Castro, quien me escribe sobre la honda impresión que le dejó este pequeño edificio hecho casi sin proyecto, con la presencia en obra testamentaria de Lewerentz. A raíz de su visita y las fotos que me envió puedo, coincidencialmente, conectarme con lo que escribí de la Caja de Dios de Mies.

Porque este templo y el de Mies se muestran como opuestos y complementarios, siendo ambos, cajas, volúmenes contenidos. San Pedro (rodeado por un edificio en “L” para servicios parroquiales), es de estricta planta cuadrada con un pequeño vestíbulo de planta también cuadrada que se le suma en una esquina junto con una sacristía secundaria. Su estructura es metálica, pero lejos de individualizarla, como lo hace Mies en IIT,  la asocia al ladrillo que reina en todo el edificio, mimetizándose con éste en una síntesis que podría decirse que la transforma y la hace natural, la humaniza.  En el techo los perfiles soportan semi-bóvedas de fuerte relieve que remiten a antiguos recursos constructivos. En las paredes el ladrillo es superficie compacta interrumpida con estudiadas aberturas, en el piso se entrelaza en distintas direcciones y da forma también al mobiliario fijo, altar y púlpito incluidos.

II

Pero debo dejar hablar a Jordi. Descompongo su texto en fragmentos:

“La entrada de la Iglesia…se produce en una estrecha hendidura (formada por el Centro Parroquial)…que nos empieza a arropar..la puerta a la derecha…madera oscura sin barniz…con un hermoso tirador (4 líneas horizontales…los 4 evangelios y una línea vertical…el camino del cristiano). Entramos …directamente en una capilla (el vestíbulo, también capilla de matrimonios)…una bóveda muy baja, sólo una pequeña ventana…un poco de luz…otro mundo… el altar de ladrillo en voladizo (el altar de los matrimonios) y la cruz que cae de la bóveda. A la izquierda …la iglesia…momento absolutamente demoledor: venimos del exterior en un parque de altos árboles, hemos pasado por la hendidura, seguimos por una diminuta y baja capilla y ahí nos topamos con un espacio que se nos presenta enorme, alto y pletórico…Todo es ladrillo. Un ladrillo crudo, sin pulir, sin matizar…La imagen la preside el pilar central metálico en forma de cruz que carga con todo el peso del templo…a la izquierda la pila bautismal, uno de los elementos más hermosos de la Iglesia (Lewerentz buscaba simular el Moisés que abre el Mar Rojo y así hace para plegar el ladrillo del suelo y que brote el agua)…Una concha enorme recoge el agua y la va vertiendo a la pila gota a gota…ese gotear, con su ritmo permanente, es una de las cosas que jamás olvidaré de esa visita. Cada gota de agua que caía resonaba en esa caja de ladrillo…ritmo implacable, lento pero firme, significaba nuestro tiempo, el pasar del mismo… nos recordaba nuestra propia derrota ante la naturaleza y su eterno gotear. El suelo se inclina hacia el altar.(Dice Lewerentz que para empujar a los indecisos…). La iluminación es mágica…decenas de luminarias doradas templando levemente la luz y generando un plano más bajo…El altar y las sillas de los sacerdotes están hechos como todo en esta Iglesia con el ladrillo, no hay materiales “más nobles” para el altar o para que se sienten los clérigos, todo nace del ladrillo y de la imagen que significa…Salimos a través de una amplia puerta…frente a un lago proyectado por Lewerentz y el fondo de árboles del parque.

Para mi ha sido una Iglesia del desasosiego. Te invita a la reflexión, a la intimidad, a las preguntas, a la duda,… y que de esa experiencia, de ese revolver un poco tus entrañas, salgas en paz contigo.”

III

Hasta aquí el texto de Jordi. La arquitectura de ese pequeño lugar, con el lenguaje de lo constructivo, del detalle, de la luz, del modo de usar el material, de los recorridos, lo ha conmovido hasta tener el deseo de relatar lo vivido. Allí la arquitectura se decide a hablarnos, mientras que en la capilla de Mies se repliega hacia su condición de cobijo, de continente neutral que observa silenciosa, dejándonos con nuestra capacidad de introspección, discreción tanto más necesaria por cuanto quiere acoger a todas las denominaciones cristianas. Pero en San Pedro nos quiere hablar de la liturgia luterana: el Bautismo como rito central, junto a  la Eucaristía y la Palabra. La arquitectura los señala, se compromete con cada uno. Y la Asamblea asiste, se integra en la presencia, en el Himno. Envuelta en el silencio umbroso del espacio.

La mano del arquitecto como jefe de artesanos está en todas partes. Es Lewerentz, octogenario, sabio. Su conocimiento constructivo, su sensibilidad de artista, su sentido de lo sagrado (Corbu) se manifiesta aquí. Para todos nosotros.

Abundando

Propongo al lector dos textos sobre San Pedro: Uno el ensayo de Peter Blundell Jones, Profesor de la Universidad de Sheffield con el título “Sigurd Lewerentz: Iglesia de San Pedro, Klippan 1963-1966” y el otro de Javier Cenicacelaya, profesor de la Universidad del País Vasco, titulado “La Iglesia de San Pedro en Klipan. La belleza de lo directo”. Ambos ayudan a comprender mejor y el de Blundell Jones tiene la ventaja de aportar muy útiles fotografías (en blanco y negro) vinculadas al texto.

Entretanto, va esta traducción de una parte del ensayo del británico en la cual establece un vínculo con Mies van der Rohe (se refiere a la National Gallery de Berlín) que considero de interés.

“Los dos edificios (Klippan y la National Gallery) fueron concebidos y construidos más o menos al mismo tiempo; y los dos arquitectos son casi contemporáneos precisos. Se puede decir que ambos eran igualmente obsesivos en su búsqueda sobre materiales, los detalles, e igualmente conectados con la Tradición Clásica, pero el trabajo de Lewerentz se movió en una dirección muy distinta de la de Mies. Desde el principio de su carrera se interesó en la irregularidad y el conflicto entre órdenes más que en la calma final buscada por Mies. Y lejos de purificar la apariencia del edificio borrando toda señal dejada por las manos, Lewerentz le pedía a sus obreros que se abstuvieran de afinar para hacer más obvias las marcas del proceso. En completo contraste con Mies, por ejemplo, hacía que dejaran salir y mostrarse hacia afuera las rebarbas de las juntas soldadas. A veces esa rudeza choca, una arquitectura sucia como opuesta a la obsesivamente limpia de Mies”

Las fotos de San Pedro son de Jordi Castro. Las del conjunto de San Pedro, y las demás (Capilla de la Resurrección, La Feria de Estocolmo y capillas en Malmö, son de Internet).

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