La Espada

LA ESPADA

Oscar Tenreiro

Por estos días no sale el diario TalCual, donde se publican estos textos semanales. Hablo hoy pues solamente para quienes siguen este Blog.

Si uno trata de ir más allá de la sensación como de euforia que estos días producen por tratarse de una interrupción del trabajo y una oportunidad para el descanso y el disfrute más o menos festivo en el campo, la playa o la montaña; si se queda en una ciudad como Caracas en la que parece reinar una insólita tranquilidad, puede darse cuenta de que, pese a todo lo que presiona en contrario, se “siente” una cierta atmósfera de recogimiento que incita a pensar en cosas en las que usualmente no pensamos.

Pensar por ejemplo en lo difícil que podrá ser desandar lo andado, políticamente hablando, en este país nuestro tan castigado por las más agudas contradicciones y desencuentros. Tan fuertes que uno no deja de asombrarse de que no se haya producido eso que los periodistas llaman “un estallido social” y aún vivamos en una relativa armonía si dejamos por supuesto de tomar en cuenta las continuas manifestaciones de violencia criminal que todos hemos sufrido de un modo u otro.

Intriga particularmente el modo en el que podrá canalizarse, controlarse, “sublimarse” podríamos decir pensando que se transformará en algo positivo, el odio acumulado de tantos años de prédica divisionista desde lo más alto del Poder, ejercicio perverso cuya obvia justificación es aquello de “dividir para reinar”. Y sobre todo la rabia y la frustración que sentimos ante los constantes ejercicios abusivos contra los numerosísimos sectores sociales que dan muestras de alguna independencia frente a las prácticas de manipulación política y económica que han caracterizado la forma de gobernar de los últimos dieciséis años. Entre las cuales destaca una permanente “huida hacia adelante” mediante la cual las más evidentes debilidades, incoherencias y errores pretenden convertirse en fortalezas gracias a la propaganda masiva y a calculadas campañas en las cuales se emplean todos los recursos de un Estado del cual todo se controla.

De esto último estamos asqueados muchísimos venezolanos y no cabe duda que esa práctica, que en definitiva se basa en hacer de la mentira verdad, es de las que más odio engendran, reacción lógica ante tanta desmesura.

¿Cómo superar esa carga terrible del odio, como “sublimarla” y hacerla fuerza positiva, repito? Y me respondo con algo que ha sido para mí y muchos como yo,  y afortunadamente para una buena parte de la dirigencia política que hace frente a ese Estado todopoderoso dominado por la hipocresía: con la convicción más firme de que la única verdadera herramienta es la de convertir la rabia, la frustración, la protesta, las legítimas ansias de revuelta, en un movimiento social expresado masivamente, claro y tajante, mediante el único mecanismo pacífico, nuestro, que no pueden vulnerar quienes manejan el Poder: la voluntad popular expresada en elecciones.

Hacia allá tenemos que orientar todos nuestros esfuerzos, no tengo ante eso duda alguna.

Solo así lograremos romper el círculo vicioso de responder a la violencia que se nos hace dejándonos llevar por otras formas de violencia.

Y a entender eso se nos invita en estos días.

En los cuatro Evangelios se narra el episodio de la entrega de Jesús por Judas que inicia lo que conducirá a la crucifixión. Y es en uno, el de Mateo, en el que, luego de referirse a la reacción airada de uno de los que acompañaban (¿San Pedro?) cortándole con una espada la oreja a un soldado del grupo que había ido a apresarlo, le dice Jesús: “Vuelve la espada a su sitio, pues quien usa la espada perecerá también por la espada…”

Es una frase que ha sido de las más olvidadas en la historia de la Iglesia en particular y, en general, en la historia del mundo. Deberíamos poder decirla con claridad especialmente en estos días. Para que la Fe deje de ser una etiqueta y aspire a la sinceridad.

Jesús es apresado (1302-6), por el Giotto (1267-1337). Judas besa a Jesús. San Pedro, detrás de él, usa la espada. Fresco en la Capilla de los Scrovegni, en Padua

Jesús es apresado (1302-6), por el Giotto (1267-1337). Judas besa a Jesús. San Pedro, detrás de él, usa la espada. Fresco en la Capilla de los Scrovegni, en Padua

 

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