Dos Cosas

No hace mucho leí en El País de Madrid un artículo donde se hablaba del populismo y se decía que se trataba de un movimiento no democrático. Era obvio que el artículo estaba dirigido a Podemos, el movimiento español de izquierda populista.

Me distancio de esa tesis porque creo que hay populismos democráticos, como por ejemplo los que hemos tenido en Venezuela entre 1958 y 1998. Y los hay no democráticos como el que aquí ha implantado una dictadura de nuevo cuño, de siglo veintiuno, que parece democrática, quiere parecerlo, se esfuerza en decirlo, pero es una dictadura de fisonomía distinta a las tradicionales latinoamericanas. En esto difiero por cierto de Teodoro Petkoff quien se resiste a llamar a nuestro Régimen dictadura, dando razones que no me parecen convincentes.

Y lo novedoso precisamente de lo que ha venido ocurriendo en Venezuela, es que ha tomado forma aquí, por primera vez en la historia, un Régimen populista no democrático pero que realiza elecciones. Y su fundamento ideológico se lo proporcionan las izquierdas radicales de todo el mundo, las que se definen como revolucionarias y tienen una característica en común: apoyan a la Revolución Cubana y a sus líderes. No sólo la aceptan sino que la justifican y los defienden. Rasgo que no es parte de un cuerpo ideológico pero que sin embargo arroja luz sobre él, ayuda a definir sus límites. Límites que incluyen, aceptándolos y favoreciéndolos, procedimientos dictatoriales. Se trata pues de “populismos dictatoriales”.

Podemos sería y lo creo porque aquí en Venezuela hemos conocido el discurso de dos de sus líderes, Iglesias y Monedero, un partido populista dictatorial, ni más ni menos.

Y los puntos de vista que ellos manejan, perfectamente en línea con los que manejan los jerarcas en el Poder de aquí, llevan directamente a la visión maniquea que menciono en la nota de hoy, que ubica el mal siempre en el “otro lado” y se aceptan y promueven las más oscuras dictaduras siempre que estén “de este lado”.

Esa visión dualista ha hecho estragos en las izquierdas de todo el mundo, devaluándolas, desprestigiándolas, y lo que es peor, restándoles credibilidad.

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La nota de hoy sobre la Porciúncula me lleva en varias direcciones.

Una de ellas preguntarme si es acaso propio del ser humano que al adquirir poder material, o poder político, se produzca un cambio psicológico que lleva irresistiblemente a la necesidad de expresar ese poder en las vestimentas. No sólo en las que lleva encima el poderoso sino en aquellas con las que reviste a los objetos que usa, los ámbitos en los cuales se mueve y por supuesto la arquitectura que construye directa o indirectamente.

Me pregunto si existen estudios sociológicos o psicológicos sobre el tema. Si se ha estudiado el aumento progresivo de la atracción que va llevando cada vez más a las personas hacia el lujo, los afeites, el oropel, el boato o el refinamiento, a medida que aumenta su poder en cualquiera de sus dimensiones. Porque parece un hecho incontestable.

Está por ejemplo la atracción hacia el oro, o simplemente hacia lo dorado. Que caracteriza por ejemplo a ese “lujo asiático” que se evoca en las fábulas y las historias de viajeros que iban a Oriente, y ha venido a convertirse en distintivo del nuevo-riquismo. (Hace poco lo observaba en los detalles de un automóvil carísimo y en los artefactos de mesa pertenecientes a alguno de esos jeques petroleros de enormes fortunas).

Los dignatarios tradicionales se han rodeado de lujos a lo largo de la historia. Y han pretendido cubrir de lujos a la arquitectura que hacen construir.

Es un tema de mucho interés del cual me ocuparé, pero por ahora destaco lo que digo en la nota de la Porciúncula, la inmensa contradicción en la que incurrió el papado del siglo dieciséis, cuando ordeno construir la Basílica que sirve de refugio aplastando irremediablemente a la capillita de San Francisco.

Si creemos que existe el cielo no es difícil imaginarse al “povero de Assisi” observando desconsolado como sus enseñanzas eran pisoteadas sólo tres siglos después de su muerte. Nada se aprendió. Ocurrió, una vez más, “el eterno retorno”.

Y vale la pena por cierto ver desde esa perspectiva, la de la contaminación que el poder ejerce en el alma humana, lo que ha venido ocurriendo en la arquitectura a través de la historia. Verla con ayuda de la filosofía.

 

DOS COSAS

Oscar Tenreiro

(Publicado en el diario TalCual de Caracas el 25 de Abril de 2015)

Es un hecho que cuando la notoriedad es producto de la lucha contra lo establecido, después de la muerte quedan muchas cuentas por pagar. Y si es verdad que la fama ayuda a amortizarlas, nunca resulta suficiente. Lo digo a raíz de lo que publiqué la semana pasada sobre Le Corbusier y su supuesta militancia fascista.

Y después de lo que ya dije sobre la trayectoria de vida de Corbu, en la cual hay demasiadas realidades y testimonios que desmienten con hechos esa supuesta militancia, hay otro aspecto de la denuncia que me parece importante destacar. Y es que si se hubiese tratado de militancia revolucionaria marxista, ya no se hubiese considerado como un asunto negativo sino se reivindicaría como un mérito. O un asunto anecdótico que no arroja sombras sobre la integridad de la persona.

Es el típico doble rasero que vienen utilizando las izquierdas que se sienten purísimas representantes del credo revolucionario cuando se trata de juzgar a figuras del mundo intelectual que no están de su lado. O el que utilizan los intelectuales que se dedican a convertirse en conciencias morales, como fue el caso del recientemente fallecido Günther Grass antes de que reconociera públicamente que él no era tan puro después de todo.

He citado (y lo han hecho muchos) un ejemplo paradigmático que sin embargo se olvida: a Pablo Neruda se le perdona su militancia comunista asociada nada menos que a los genocidios soviéticos impulsados por José Stalin (dejando un tanto de lado su detestable poema elogiándolo); y sin embargo a Jorge Luis Borges se le reprocha que no se haya pronunciado abiertamente contra la dictadura argentina, o que haya dicho que la democracia es un abuso de las estadísticas. Y el recién fallecido Eduardo Galeano se convirtió en santo para las izquierdas argentinas gracias a un libro lleno de lugares comunes sobre las triquiñuelas norteamericanas en América Latina, pero se pasa por alto que nunca escribió denunciando la cruel y anacrónica dictadura cubana.

Y si ampliamos el escenario iremos encontrando una enorme cantidad de casos en los que se exacerba la importancia de andanzas erráticas ocasionales de alguno de los grandes, olvidando que en los tiempos iniciales de Vichy el grueso de la intelligentsia francesa fue dominada por un estupor que ralentizó las respuestas ante los hechos y sólo superaron los más activos políticamente. Pero la ideología radical marxista quiere chivos expiatorios sin atenuantes mientras estén en el otro lado. Y saca conclusiones de cualquier apariencia.

Aclaro que no estoy de ninguna manera exculpando de antemano a Corbu. Si existen pruebas sobre lo que se ha calificado de militancia deben ventilarse y ver su pertinencia. Nos limitamos a observar que los tiempos iniciales de la Francia ocupada han estado siempre bajo el signo de la confusión. Y en un contexto así las conductas hacen dudar.

II

La colega Isabel Sánchez me habla desde España sobre su visita a la Basílica de Santa María de los Angeles de la Porciúncula, muy cerca de Asís, tierra de San Francisco, inmensa iglesia construida cubriendo la minúscula capilla (que es la que lleva el nombre de porziúncula o pequeño terreno en italiano), que reconstruyó con sus propias manos el santo sobre viejos muros de la ermita del siglo cuarto dedicada a la Asunción de la Virgen, habiéndola recibido en donación de los benedictinos en 1208. Era un homenaje a su Fe y a los valores cristianos esenciales que orientaron su vida. Se dice que en Febrero de ese mismo año Francisco oyó en la capillita la llamada de Cristo para llevar una vida de absoluta pobreza. Y fue su lugar de oración hasta su muerte en 1226.

Y aunque nunca la he visitado, el entusiasmo de Isabel y lo que de seguidas averigüé me lleva al tema que he tocado a raíz de mis comentarios sobre Miguel Ángel y la Basílica de San Pedro. Y especialmente a la tendencia de sectores del clero católico por vincular los valores cristianos con la monumentalidad, el brillo, el boato, la grandiosidad y otros excesos.

Y me parece significativo que la enorme estructura que se construyó para proteger a la capillita se haya comenzado a construir precisamente en 1569, los años inmediatos a la muerte de Miguel Ángel en 1564, por orden del Papa Pío V y con la participación inicial de Jacoppo Barozzi de Vignola, o Vignola a secas (1507-73), arquitecto muy prestigioso, discípulo de Sangallo inicialmente, e incluso de Miguel Ángel a quien sucedió en las obras de San Pedro agregando allí las pequeñas cúpulas puramente decorativas (no captan luz) que rodean la cúpula central. Vignola legó a la posteridad un tratado (Regola delli cinque ordini d’ architettura publicado en 1562) que rigió a lo largo del tiempo hasta llegar a la Academie des Beaux Arts francesa como texto esencial de referencia en los arquitectos del siglo diecinueve, denunciado agriamente como irrelevante para los nuevos tiempos…por Le Corbusier!

E interesa destacar a propósito de la Porciúncula, que la necesidad de la corte papal de hacer que la arquitectura de los templos expresase grandeza intimidante capaz de enfrentarse a las fuerzas imperiales, marcó profundamente el qué-hacer de los arquitectos. Impulsó un modo de ver lo edificado que habría de marcar la arquitectura institucional del espacio europeo durante varios siglos, haciendo del exceso, del oropel y el adorno seductor el medio esencial de expresión. Un modo que tenía necesariamente que hacer crisis a tono con los cambios políticos del siglo veinte.

Y la Porciúncula nos muestra ese desvarío. El orgullo y la apariencia reducen a  vestigio del pasado lo verdaderamente importante expresado en el testimonio quieto de la pequeña capilla de San Francisco.

1.Basílica de Santa María de los Ángeles cerca de Asís

1.Basílica de Santa María de los Ángeles cerca de Asís

2.Bajo la cúpula de la Basílica, la Porciúncula

2.Bajo la cúpula de la Basílica, la Porciúncula

3.El noble Interior de la Porciúncula

3.El noble Interior de la Porciúncula

4.Para completar la distorsión, esta ¨decoración¨ del pintor alemán Johann Friedrich Overbeck (1829)

4.Para completar la distorsión, esta ¨decoración¨ del pintor alemán Johann Friedrich Overbeck (1829)

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