RAFAEL ARÉVALO GONZALEZ: CONSTANCIA, SACRIFICIO Y ESPERANZA (conclusión)

Oscar Tenreiro

Dejo hablar a Rafael Arévalo González a través de su escritura: selecciono unos pocos párrafos de sus Memorias y agrego algún comentario. Son, creo, de extrema actualidad, sobre todo para quienes miran con un mínimo sentido crítico lo que viene ocurriendo en la sociedad venezolana.

Comienzo con la Carta para mi Nelly en las págs. 10 y 11 del librito editado por sus descendientes:

Haz que tus hijos amen a la Patria ¡Necesita que la amemos tanto! …La Patria es la familia y algo más. La Patria …es el lugar donde amamos a nuestra madre, donde conocimos a nuestro Dios, donde nacen nuestros hijos, donde están los seres que lloramos…[1]

Este tema de la Patria, en los tiempos actuales venezolanos, tiene especial importancia. En primer lugar porque la dictadura ha desnaturalizado la palabra en todos sus sentidos. Y en un plano más profundo, porque uno quiere replantearse la idea de Patria más allá del trillado nacionalismo, o el orgullo militar, impelido por esa especie de catástrofe venezolana que es la emigración. Nos mueve buscar razones para tocar alguna fibra íntima que haga reflexionar sobre la importancia de la relación con el territorio material y espiritual en el que nos hacemos personas. Arévalo González, nos da una clave: la Patria es parte de nuestra alma. Es en nuestra psique personal donde toma forma la idea de Patria. Al testimonio vital de Arévalo lo motiva el vínculo entre el amor a un ámbito físico –natural y artificial–donde ha vivido, y el que se realiza en el espacio psíquico, el de nuestros afectos más significativos. Natural porque nuestra relación con la naturaleza –consciente o inconsciente– dice una palabra singular en la formación de nuestra personalidad. Y artificial porque la ciudad, sus llenos y vacíos, sus construcciones, su vida y su talante, los muros y techos, en cierto modo se hacen naturaleza, si bien naturaleza cambiante. Arévalo González en el momento de escribirle a su hija durante la prisión más larga que sufrió, quiere decirle que la Patria vive dentro de nosotros y en nuestra relación con un lugar del mundo.

Pág. 226 de las Memorias: …Y, sin embargo, nadie vacila en repetir, cuando la ocasión se presenta, que el estado de atraso de Venezuela proviene de la ignorancia del “pueblo”, entendiendo por este vocablo los humildes, los desheredados de la suerte, los jornaleros. los que no han pisado una escuela, los que trabajan hoy, cuando trabajan, para pagar lo que se comieron el mes anterior. Injusticia mayor resultaría inconcebible, pues tiene carácter de axioma la aseveración de que la corrupción, la incuria, el miedo y la codicia, factores principales del doloroso estado de nuestra Patria, han sido y son atributos de la clase alta. Lo que esta pretende es que, así como hasta ahora ella ha empujado a la “carne de cañón” para que fuese a los campamentos y a los combates a buscarle honores y empleos y riquezas; ahora pretende que las alpargatas se pongan delante de los zapatos y vayan a los comicios y a la plaza pública a conquistarle unos derechos y unas libertades que los de la clase directiva no han sabido o han querido ejercer ni defender…

Pág. 135 de las Memorias: ¡Si Venezuela hubiese tenido tantos ciudadanos como soldados! …¡Si nuestros grandes problemas políticos y nuestros conflictos nacionales se hubieran siempre resuelto…en la plaza pública y en los Congresos y no agravado y multiplicado entre las llamaradas de los campos de matanza!…Aquí no se ha contado sino con el poder del machete; no se ha tenido fe sino en las soluciones de la fuerza..

Pág. 273 de las Memorias: …hemos juzgado a los hombres, las cosas y los acontecimientos, sin prevenciones ni instigaciones de la pasión. Bien sabemos que nuestra pluma ha lastimado epidermis, mas no por culpa nuestra, sino por estar enfermas esas epidermis …No hemos adulado, porque de eso no entendemos y, teniendo el valor de nuestras convicciones y la conciencia de nuestros deberes, hemos señalado cuanto hemos creído perjudicial, para la salud de la Patria …

 Pág. 267 de las Memorias: ¿Quién le ha cerrado aquí la puerta de su casa a uno de esos ladrones de alto coturno que ocuparon un puesto público casi pordioseros y a la vuelta de pocos años, y aún de pocos meses, ya eran millonarios? ¿Quién se ha negado a estrechar la mano que se ha hundido hasta el codo en los caudales de las arcas públicas?…

Págs. 259-260 de las Memorias: …Y yo, convencido de que el comunismo sería la mayor calamidad que podría sobrevenirle a Venezuela, estoy dispuesto a enfrentármeles a los que pretendan hacer aquí lo que hicieron aquellos falsos patriotas que prevaliéndose de las ambiciones de unos y de la ignorancia de otros, arrastraron a los rebaños humanos a una matanza fratricida de cinco años so pretexto de alcanzar una cosa que llamaban Federación y a la cual le atribuían un conjunto de todos los bienes terrenales, como hoy los comunistas a lo que ellos llaman Comunismo, ¿Con aquellos cinco años de guerra intestina hemos logrado siquiera cinco horas de Federación? Pues peor sucedería con la mayúscula quimera del Comunismo, acerca del cual dijo Anatole France con aquel profundo buen sentido que tanto lo distinguía: “Para que los ideales del Comunismo puedan convertirse en una realidad es indispensable que, así como del mono salió el hombre, salga del hombre actual un ser que sea respecto a nosotros lo que nosotros somos respecto al mono”. Si los venezolanos no estamos preparados para el régimen federativo, y ni aún siquiera para la república centralista, y por esto hemos pagado tan caro y estamos pagando todavía, el malhadado ensayo, ¿cómo pretender los ilusos de remate que podemos estarlo para una ideología tan absurda como lo es el Comunismo?…Para saber a lo que conduce el Comunismo no tenemos sino que ver el estado actual de Rusia; allí hay más hambre y más opresión que en tiempo de los czares (sic), y nada que se parezca a Comunismo. Este no ha sido sino el pretexto, como aquí lo fue la Federación, para aumentar los infortunios de la patria con provecho de unos pocos. Si Rusia hubiera logrado con el régimen soviético siquiera la décima parte de lo que buscaba, o lo que decía que buscaba, toda Europa se habría convertido al Comunismo; pero antes bien, su doloroso estado ha sido lección que han aprendido aquellas naciones que se han sentido obligadas a buscar en la autocracia la estabilidad de su orden interno y la seguridad de sus intereses económicos.

Esta dura crítica al Comunismo tiene la particularidad de establecer una conexión con nuestra Guerra Federal, lo cual revela agudeza de parte de Arévalo. Porque los historiadores afines al marxismo coinciden en ver a ciertos dirigentes del vencedor bando amarillo –el más ensalzado, Ezequiel Zamora[2]–­ el trasunto de una vanguardia proto-revolucionaria que fue obstaculizada por la reacción, vanguardia que se expresaba en las consignas –¡Tierra y hombres libres!– y el discurso, que como expansión de los argumentos respecto a la defensa del sistema federal, se enarboló durante las hostilidades. En cierto modo pues, para estos historiadores, la Guerra Federal fue buena porque uno de los bandos defendía impulsos revolucionarios. Un exceso, para no llamarlo exabrupto, que Arévalo González tuvo la inteligencia y la agudeza de ver con claridad sin que haya sido percibido en su alcance real, en lo que significa respecto a su concepción de lo que debía ser nuestra democracia republicana.

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En todo caso, pienso que este rechazo al comunismo es una explicación adicional del por qué  buena parte de los historiadores han tomado y toman respecto a  la figura de Arévalo  distancia o la hayan visto desde la sospecha. Porque bien sé hasta donde llegan los prejuicios debidos a la ideologización marxista en los sectores intelectuales y en particular en los historiadores desde que el marxismo-leninismo devino en cuerpo de ideas resumible en mandamientos que se han regado por el mundo. Uno de esos mandamientos es que no se le debe conceder espacio intelectual al anticomunismo. Y cuando digo que bien sé, en lugar de bien sabemos, es porque como tantos integrantes de lo que llamamos la intelligentsia de una sociedad, de la cual me considero integrante a partir de mis años de profesor universitario, he sido yo mismo víctima de ese prejuicio y he tendido en el pasado a sospechar –manteniéndome distante– de cualquiera que se pronunciase de modo claro y directo, sin atenuantes retóricos, contra el comunismo. Hace tiempo que he dejado atrás ese prejuicio, y con más razón ahora cuando he visto como buena parte de los marxistas-leninistas que he conocido de cerca, y han sido mis amigos porque me he acercado a ellos abriéndome a sus virtudes personales, se han plegado como intelectuales, cómplices o áulicos, defendiendo lemas y lugares comunes justificativos, al régimen  que rige hoy a Venezuela. Al cual excusan con el argumento de que se trata de una revolución, y no de lo que es: una dictadura con aspiraciones totalitarias, corrupta, represiva y perversa. Se han transformado en todo lo que criticaron como ideólogos.Y podrían citarse muchos otros casos de esa aceptación interesada y falaz de la iniquidad asignándole la coartada revolucionaria. Cuba es también un caso muy claro. Y hay muchos otros que no es la oportunidad para mencionarlos.

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Debo recordar que Arévalo escribió sus memorias entre 1933 y 1934. En esos años la democracia liberal estaba sometida en el mundo a duros ataques desde el fascismo, el nacional-socialismo y el comunismo soviético; lejos estaban todavía las décadas de su progresiva consolidación, en la segunda mitad del siglo veinte luego de una guerra mundial que al concluir parecía darle paso libre al marxismo-leninismo soviético. El rechazo razonado al comunismo no era común en los medios intelectuales y requería coraje y coherencia producto de una convicción democrática fundada en el pensamiento.

Algunos de los estudiantes universitarios organizadores de la Semana del Estudiante en 1928. Entre ellos hay varios que serían muy conocidos en el mundo político venezolano. De pie. tercero de der. a izq. Rómulo Betancourt. En la segunda fila, segundo de izq. a der. Raúl Leoni. Todos llevan la boína azul que los identificaba como de la Universidad Central de Venezuela.

Una convincente muestra de lo que llamo coherencia puede verse en la conducta que Arévalo asumió durante su última prisión en el Castillo de Puerto Cabello entre 1928 y 1932[3]cuando el déspota reaccionó contra él –poseído por la soberbia– debido a su mansa solicitud de libertad para los estudiantes universitarios presos en febrero de 1928.  Mariela Arvelo en su biografía, a la cual me he referido varias veces[4], narra que los estudiantes, al poco tiempo de haber sido internados, le habían entregado a Arévalo, como homenaje, la boína azul que los distinguía. Fue un acto de alto poder simbólico que enaltece  a Arévalo. Y tiene no sólo un carácter simbólico sino de significativa pedagogía que él haya organizado–lo agrega Arvelo– junto con un grupo de los estudiantes, una cátedra llamada La Carpa Blanca, nombre debido a una colcha blanca que los protegía del sol de la tarde. La cátedra consistía en reuniones realizadas en la explanada interna del castillo frente las puertas de los calabozos, donde la voz que pudiéramos llamar magisterial la llevaba Arévalo, apoyado también por algunos de los estudiantes, para ilustrar a los demás presos, incluidos por supuesto los estudiantes deseosos de formarse sobre temas relativos a la historia, la política, la legislación, los derechos ciudadanos y en general los distintos aspectos del civismo.  Y agrega Mariela Arvelo que el joven tocuyano (de El Tocuyo, Estado Lara) José Pío Tamayo (1898-1935) https://es.wikipedia.org/wiki/Pío_Tamayo, entonces de solo treinta años, precursor del marxismo en Venezuela, preso al mismo tiempo que Arévalo por ser participante activo en la Semana del Estudiante –sin ser realmente estudiante– mantenía igualmente una cátedra en la prisión con el nombre de La Carpa Roja. Allí, ubicado el grupo en el otro extremo de la explanada y protegido del sol por una colcha roja, orientaba Pío Tamayo la iniciación ideológica en el marxismo-leninismo.

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Imaginemos. En el patio de una ominosa y vetusta cárcel venezolana al borde del mar, un día en la tarde cuando el sol abrasador del Caribe comienza a declinar, dos hombres, uno de 62 años de edad, otro de 30, instruyen a otros prisioneros deseosos de orientación. El viejo, bajo la Carpa Blanca, se esfuerza por encontrar el sentido de su ya larga vida marcada por otras prolongadas prisiones tan injustas como esta. Su tema central al hablar ante el grupo es la importancia de los valores cívicos. Propone perfeccionarlos y apoyarlos para lograr un mejor futuro. Habla también de que los derechos humanos se hagan plenamente vigentes, derechos que a ellos les han sido denegados. El joven, bajo la Carpa Roja, en un punto opuesto del patio, explica a otro grupo de prisioneros las teorías surgidas dos décadas atrás a partir de los escritos de un pensador alemán y de la lucha política de su intérprete ruso sobre el proceso táctico exigido por el asalto revolucionario al poder, triunfante en la lejana Rusia. Triunfo que ha permitido, dice, grandes logros sociales y económicos.  Se adentra en el tema de la lucha de las clases sociales, de los excesos del capitalismo, del advenimiento seguro del socialismo, de la ruptura radical con el pasado. Justifica la dictadura del proletariado y la represión que exige, como etapa necesaria para construir una sociedad sin clases donde se impondrá la hermandad y la solidaridad. El viejo se afirma en su experiencia del mundo que conoce, al cual todos ellos pertenecen, producto de una cultura que es la suya y la de su país. En eso se apoya para señalar los errores cometidos y cómo superarlos. El joven por su parte dibuja una utopía tropical hija de la utopía invernal que sirve de ejemplo. Quiere que los que oyen sean también parte de una vanguardia que la haga posible. Apela a la imaginación y a la entrega. Trata de formar militantes.

Hoy, casi un siglo después, el nombre del joven es bien conocido en Venezuela, se habla de su corta vida, de su entrega, se cita alguno de sus poemas, un grupo político lo reivindica como su miembro[5]y se celebra anualmente su memoria. El dictador de hoy, dueño de un poder ilegítimo heredado de quien sentó las bases de su usurpación, lo menciona como pionero e impulsor de las ideas que hipócritamente dice defender.  El viejo en cambio ha permanecido casi oculto en las brumas de la historia local. La lucha de su vida poco se ha entendido, se menciona apenas: se desconoce en general su legado.

Sin embargo, sabemos la inmensa mayoría de los venezolanos de hoy, que lo que Pío Tamayo proponía bajo la Carpa Roja, con la fe en los objetivos que se había trazado y movido por un deseo de solidaridad y entrega personal, ha dado lugar en el mundo entero a toda clase de fracasos; y aquí, en el país que el amó y donde murió en plena juventud, ha originado una casi irreversible catástrofe. Defendiendo hoy lo que seguramente él defendía en aquel patio de Puerto Cabello, se ha sumergido a Venezuela en una sima contaminada con toda clase de perversidades de especial utilidad para un puñado de miserables.

Y lo que hemos aprendido como sociedad, lo que permanece como un anhelo de la inmensa mayoría de nuestro pueblo, estaba siendo expresado entonces, nos lo dice la integridad de su legado, bajo la Carpa Blanca, por Arévalo González. De aquellos dos discursos, de las palabras que pronunciaban dos hombres sacrificados, separados radicalmente, es verdad, por la experiencia de la vida y por el conocimiento de una sociedad y su historia de luchas para construir una nación, el que expresó Arévalo González, rubricado por su asombrosa firmeza en el infortunio y en la asimilación de castigos injustos, es el que puede abrir espacio al acuerdo social para darle forma a una mejor sociedad como la que esperamos todos.

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Páginas llegadas a mis manos me llevaron a asomarme a fragmentos de la vida de un venezolano que fue ejemplo de algunas de las convicciones que más me importan, y por eso cedí al impulso de conocerlo mejor, de saber como transcurrió su vida en el mismo lugar del mundo donde ha transcurrido la mía. Algo avancé en esa tarea que hoy finaliza. Y gracias al afecto que deja la amistad surgida de la lectura y la escritura, me doy cuenta, una vez más, de la importancia de ir hasta los que nos antecedieron, hasta aquellos que nos han hablado con su vida y hemos ignorado.[6]

Ahora para despedirme de Arévalo recurro a los primeros versos de un poema[7]que Andrés Eloy Blanco, otro venezolano excepcional, poeta nuestro, le dedicó a quien fue su compañero de prisión en el Castillo. Arévalo González le había enviado al recobrar la libertad y seguir preso Andrés Eloy, un artificio hecho con mecate, llamado grilleras, que los presos usaban para aliviar el doloroso efecto en los pies de los malhadados grillos que los aherrojaban.  Decidió hablarle a su amigo y compañero de prisión, escribiendo este poema que queremos hoy decir en su memoria.

Rafael Arévalo González (1866-1935)

Andrés Eloy Blanco (1896-1955)

 LA ESTATUA (fragmento)

Poema de Andrés Eloy Blanco / Barco de Piedra / Castillo de Puerto Cabello

Arévalo González o el Aguante

Profesor de Cárceles, Doctor en Grillos

En tu vertical precursora se resarcen

veinte años de curvatura

Venezuela se salva en tu simple cristal

de todos sus pantanos revueltos.

 

Caudillo sin horda, pudiste

arrastrar veinte mil hombres

con sólo levantar la mano armada,

pero tu vela no navega en sangre.

 

Sólo tu pecho,

sólo tu ancho pecho das al fuego

en las horas injustas

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Aquí la carta con la cual Arévalo le envió las grilleras al poeta:

Castillo Libertador, 19 de noviembre de 1929 

Sr. Dr. Andrés Eloy Blanco:

Mi admirado poeta:

Acaso por temor de que el cuerpo de usted cediera al peso de su corona de poeta y de sus lauros de cívico paladín, pusiéronle en los pies a manera de lastre o de cimiento setenta y tantas libras de hierro.

Bien, yo sé que el temple de su alma entrará victoriosamente en competencia con ese acero, a cual más recio, y no seré yo quien compadezca a quien lleva con tanto honor y tanto orgullo el férreo certificado del cumplimiento del deber ciudadano.

Allá le van las grilleras que durante veinte y un meses me ayudaron a cargar los grillos que acaban de quitarme por el penoso estado de mi salud. Cada vez que usted se las coloque sobre los hombros, hágase el cargo de que son mis brazos los que lo estrechan con todo mi cariño y toda mi admiración.

Su amigo de veras.

Arévalo González

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El 15 de octubre de 1932 salió libre Arévalo González del Castillo Libertador en Puerto Cabello. La siguiente es la carta que les envió a sus hijas el dictador Juan Vicente Gómez. La publico como colofón porque es una muestra del más asombroso cinismo, propio de un hombre ciego a su verdadera condición. Cinismo que se equipara al que despliega la camarilla criminal que ahoga hoy a Venezuela.

 

General Juan Vicente Gómez, Presidente de los Estados Unidos de Venezuela, saluda a las señoritas Arévalo Bernal y les acusa recibo de sus cartas y en contestación les dice que hoy ha ordenado la libertad de su padre. El General Gómez espera que el señor Arévalo González no las hará sufrir más.

Maracay, 15 de octubre de 1932.

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[1]La frase es una cita de la Marquesa de Girardin (1784-1869) https://es.wikipedia.org/wiki/Mar%C3%ADa_del_Pilar_Acedo_y_Sarriá

[2]https://es.wikipedia.org/wiki/Ezequiel_Zamora

[3]A raíz de los acontecimientos en Caracas durante la Semana del Estudiante en febrero de 1928; el día 14 de ese mes y en los días inmediatos fueron hechos presos centenares de estudiantes que con el pretexto de la celebración del Carnaval y la coronación de su reina Beatriz Peña Arreaza, habían realizado manifestaciones políticas de mucho impacto contra la dictadura de Gómez. Un buen grupo de ellos fue enviado al Castillo de Puerto Cabello, a donde también fue enviado Arévalo González el 25 del mismo mes de Febrero.

[4]Págs. 198 y 199.

[5]El Partido Comunista de Venezuela, PCV, lo hizo miembro post-mortem.

[6]Veo ahora con mucha más claridad el por qué, en el tiempo en el cual fue Presidente de la República, Rafael Caldera quiso darle forma a un Museo de la Historia Venezolana. Fui instrumental durante un tiempo para la realización de esa idea, mientras estudié como arquitecto la posibilidad de ubicarlo en El Helicoide. Mi tarea cesó con la terminación de su período presidencial. Y él, como le ocurre –es lástima, pero así es casi siempre– a los políticos, olvidó su idea y se sumergió de nuevo en la controversia venezolana. La idea la encuentro hoy de enorme importancia: deberá crearse en Venezuela un Museo de la Historia Nacional. Que nos hable, junto a lo más notorio, de los injustamente olvidados, porque de ellos podemos aprender.

[7]Tanto el poema como los otros detalles de la relación entre ambos personajes, al igual que la carta de Gómez al liberar a Arévalo, las tomé del libro de Mariela Arvelo, pags. 200 y siguientes. El poema está en la pág 283.

Poema completo de Andrés Eloy Blanco, foto de una página doble de la Biografía de Mariela Arvelo

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