ENTRE LO CIERTO Y LO VERDADERO

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Enrique Larrañaga / 6 Diciembre 07

Anunciada la creación de “ciudades socialistas”, quienes pensamos que nada es tan humano como lo urbano y que sólo en lo urbano se es propiamente humano, buscamos entender cómo puede crearse lo que es continua evolución y cómo puede un adjetivo pasar a ser lo sustantivo del entramado de relaciones humanas que es la ciudad.

La cháchara sobre “geometría del poder” evidencia mera sed de poder, con dosis de “planificacionitis” soviética e ingeniería social camboyana, y el galimatías constitucional (laberinto de superposiciones y contraposiciones, con el Presidente como única entrada, ruta y salida), un plan de despojo ciudadano. Sólo Farruco Sesto en el sitio web “MR ZINE” (http://mrzine.monthlyreview.org/sesto241007.html), ofrece al selecto target del cyber revolution, en un texto llamado “Conceptual Notes on a Design for Cities of Socialism”, lo que a lacayos y patriotas por igual se nos ha negado: las tablas de la ley de esta ciudad ya no socialista, sino DEL socialismo.

En cinco preceptos (ser para el trabajo productivo; para la Cultura, Recreación y Disfrute de la Naturaleza; para la Igualdad; para las Relaciones Políticas y Humanas bajo el socialismo; y para Vivir Bien y Dignamente) y sobando ideas tan comunes al pensamiento de derecha, centro e izquierda, que algunas apuntalan tanto el Oscar y el Nobel de Gore como discursos del diabólico Bush, Sesto repite generalidades pero también genera preguntas.

En este tiempo en el poder ¿Farruco le habrá dicho, siquiera una vez, a Bernal que en algún rincón de la Alcaldía hay arrumados, desde hace casi 15 años, planes, proyectos y ordenanzas con ideas que ahora avivan su prosa?. Estudios realizados, eso sí, por “lacayos infiltrados”, cuando ni él ni nosotros sabíamos que lo éramos. ¿Es ése el problema? ¡Bórrale los rótulos!. Más vale cualificar que adjetivar.

Arrancar definiendo lo urbano no desde el ciudadano sino para el trabajo productivo convoca todo el horror y nada del humor del Chaplin de “Tiempos Modernos”, tan alienado, apretando tuercas todo el día, que una vez en la cárcel pide no salir de ella para evitar volver a su vida miserable. ¿Será que en la ciudad DEL socialismo, liberarse es mudar de sometimiento? ¿Quién y para quién dice qué es productivo? ¿Los mismos que diseñen viviendas “que facilite(n) la organización de la comunidad para el trabajo productivo” entre “cinturones de tierra comunal para granjas y mercados agrícolas (sirviendo) tanto de protección (¿?) como de producción”?. Tanto determinismo redentor evoca la trágica candidez del socialismo utópico del XIX ,el ascetismo Shaker (extinguido a fuerza de celibato) y el limbo temporal en que aún viven los Amish, ancestros todos de la puritana y racista base electoral de los republicanos (los rojos de aquel país, por cierto). ¿Será que inventamos (¿o erramos?) la revolución reaccionaria? ¿“Territorios insulares” o “insularización del territorio” en “casitas de la pradera” socialistas?

Esa ciudad “no aceptaría la fealdad ni el tipo de deterioro que resulta de la apatía”. ¿Definirá la Fealdad quien ha vetado artistas, vejado actrices y becado amigos? ¿Cuántos alcaldes serán execrados de la ciudad, o del socialismo, por el deterioro que causa su apatía?.

Nuestra mayor y más vergonzosa enfermedad urbana, la fractura en mundos paralelos, segregados y excluyentes, construida con dinero tanto público como privado, y alimentada de miedo y necesidad, se despacha en un trío de párrafos inocuos. Difícil, ¿verdad?, hablar de unidad desde el enfrentamiento, o de integración urbana sin oponerse a “Caribia” en el camino de los indios, a la chorrera de “Ciudades Prócer” o al abandono de la rehabilitación de barrios. ¿O es que para hablar igualdad hay que mantener la desigualdad?

Como concluyendo un argumento ni siquiera esbozado, se afirma: “por lo tanto, no habría propiedad privada de la tierra”.

Discutir sobre la propiedad de la tierra es básico para el desarrollo real de nuestras ciudades, tanto para impulsar su plena democratización (acceso de todos a la propiedad) como su real socialización (cumplimiento de los deberes que implica ese derecho). Pero este debate, esencial e inaplazable, debe darse sin prejuicios, ni los del conservadurismo reaccionario ni los de la “vanguardia” jurásica, porque tan falso como la virginidad de la propiedad privada es que los abusos cometidos en su nombre desaparecen cuando se hace pública, o ¿en Fuerte Tiuna se hace mejor ciudad que en Casarapa? ¿La caótica y voraz jauría desatada sobre La Carlota es “menos peor” que el saqueo de Campo Alegre? ¿Qué diferencia la geofagia de los ranchos de Barreto en Cotiza del bingo de Las Mercedes?.

¿Y si legislamos, como en Colombia, aquí al ladito, para independizar la propiedad de la tierra de la de los beneficios derivados de su desarrollo, para así resguardar el derecho individual facilitando la preservación, mejora o transformación urbana para beneficio colectivo? ¿Asumimos la complejidad de la ciudad, con la interacción de todos sus actores, posibilidades y necesidades para potenciarla y promoverla, o la reducimos para sojuzgarla?

Pero nada tan capcioso como que “tampoco esta ciudad aceptaría ningún tipo de polución como la creada por el uso abusivo e indiscriminado de la publicidad comercial. La publicidad en grandes vallas sería prohibida en estas ciudades”. ¿Es indigno una valla de un culo vendiendo cerveza y no mil sedes públicas forradas de amapuches presidenciales comprando apoyo? ¿O es que una es “publicidad” y contamina, y lo otro “información” y educa? ¿Cómo ver el cartel del Arepazo y no los huelepega sembrados en los semáforos? ¿Orwell mata Blade Runner?

Creo en una revolución de la ciudad que la potencie para construir y desarrollar ciudadanía. Pero también que, de lo expreso y lo soterrado en el paquete constitucional y la “explicación” de Sesto, a esta ciudad de la revolución sólo cupo darle un activo NO.

Que, por derecho, ejercimos como deber.

ENRIQUE LARRAÑAGA

William Morris (1834-1896), socialista utópico, probable inspirador del Sr. Ministro. Si quiere usted más ideología en la que la realidad de nuestro pueblo se desprecia, léase el de Heinz Dieterich en el www.aporrea.org/tiburon/a46125.html