Un seis de Octubre

Oscar Tenreiro / 10 Octubre 2010

Muy temprano en la mañana del miércoles pasado oía música a voluntad de la computadora y sonó la voz de Le Corbusier. Venía de una vieja entrevista que había descargado de un CD, regalo del colega Pedro Sosa. La oí con atención y retengo de ella esta frase: “tengo un pecado capital, estar atado a las cosas visuales. El diseño, la pintura, la escultura, la arquitectura, son para mí un solo fenómeno”.

Unas horas después suena el celular. Es Domingo Alvarez, “el flaco”, colega y amigo. Me pregunta qué fecha es hoy. Todos los seis de Octubre recibo su llamada para recordarme que tiene un privilegio que yo envidio: nació el mismo día de Le Corbusier pero 48 años después. Anualmente me hace bromas por ello, y además puedo felicitarlo.

Como soy providencialista, se disparan en mí múltiples asociaciones. Una de ellas, recurrente: el viaje que el flaco y yo hicimos en 1965 a EUA con escala en Filadelfia y nuestro encuentro con Luis Kahn (1902-1974) en su oficina. He escrito antes sobre eso pero hoy quiero extenderme un poco. Porque todas estas “casualidades” me impulsan a hacer ahora lo que no he hecho en más de cuarenta años: transcribir mis apuntes de ese día.

Llegamos hasta allí de un modo muy simple: tomé la guía telefónica y busqué Kahn, Louis. Me atendió su esposa Esther. Inmediatamente no sin emoción oía la voz de Kahn, acabo de llegar de La India. ¿Sería posible verlo, nosotros, un par de venezolanos? Desde luego, mañana a las 10 a mi oficina. Y allí fuimos, un pequeño edificio en una calle con nombre de árbol. Desde el vestíbulo podían verse al fondo, en el Taller, algunas de las míticas maquetas. Nos hacen pasar a una minúscula sala de conferencias junto a dos argentinos también de visita, sobrados y sabidos. Y el maestro de la arquitectura comienza una conferencia privada para cuatro mequetrefes sudamericanos, lleno de entusiasmo como si hablara ante una multitud.

Filosofar

Kahn se expresaba con aforismos, frases cortas relacionadas no de un modo lineal sino, podríamos decir, conceptual. Ideas en torno a un hilo conductor a veces difícil de seguir. Filosofaba. Es por ello que en ese particular momento de la historia de su país, cuando nacía el movimiento contestatario, su figura descollaba a pesar de la mezquindad con la que lo trataba el “establishment”. Una situación opuesta a la de los exitosos de este momento.

Pienso hoy que su esfuerzo por ir hacia el fondo de las cosas y una sensibilidad privilegiada fue lo que le permitió aportar a la arquitectura una dimensión poética que parecía agobiada por lo utilitario, ante lo cual, precisamente, el cumpleañero más viejo de este 6 de Octubre, Corbu, había reaccionado muchos años antes al decir que la arquitectura debía conmover. Esa búsqueda de lo poético desde lo racional es el vínculo profundo entre ambos maestros.

Frases de un Maestro

Estas fueron las primeras frases de Luis Kahn esa mañana:

Yo soy un hombre práctico. No soy un poeta y no quiero crear esa impresión.

No tiene sentido crear nuevas ciudades si no hay nuevas instituciones.

La inspiración es algo no medible. No se llega a hacer cosas nuevas únicamente a través de estadísticas.

La inspiración para vivir vino como una necesidad del hombre.

Todo lo que la naturaleza hace está grabado previamente como un objetivo.

En nosotros están implícitas todas las leyes del universo.

Esto es verdad en las cosas, los árboles, las rocas, los hombres.

La excelencia del cerebro que nos fue dado por la naturaleza es lo que nos diferencia, debido a la existencia del alma, del espíritu.

Hay quienes conocen el todo enseguida. Eso tiene que ver con la excelencia del cerebro de cada uno. El espíritu es el mismo en todos pero no el cerebro. La diferencia entre los hombres es la excelencia de su cerebro.

Por eso, un buen compositor sabe todo sobre música desde que nace. Sólo le tiene que ser enseñada la composición y la escritura musical.

La naturaleza trabaja por leyes. Su orden es el resultado de todas las leyes a la vez.  Las leyes pequeñas son las del hombre.

El hombre no hace leyes sino reglas, las cuales se cambian según y como sean capaces de incluir el orden.

El orden de la naturaleza no puede hacer las ciudades. Esta es una labor del hombre. El puede basarse en la naturaleza. Es en este sentido que vamos a hablar de Planeamiento.

La investigación viene después y no antes. El orden viene antes y después la investigación.

La inspiración puede vivir en cada hombre. Cada hombre tiene una inspiración. Unos tenemos la capacidad de expresarnos mejor. Inspiración de aprender. Inspiración para preguntar. Inspiración para expresarse.

De esta última viene la inspiración del Arte.

Todas las instituciones del Arte vienen de la inspiración para expresarse.

En el momento en el que se puedan crear las instituciones que puedan desarrollar inspiración para expresarse, nacerán las nuevas ciudades.

La única razón del hombre para vivir es la inspiración de expresarse.

La naturaleza no expresa nada. El ocaso no expresa nada, es una consecuencia de las leyes de la naturaleza.

Todo lo que el hombre realiza es lo que la naturaleza no expresa. Por eso una cueva no es una casa. Una casa es lo que el hombre puede crear.

La naturaleza no puede hacer pisos. Puede crear techos pero no pisos: eso es una cualidad.

El hombre está en competencia con la naturaleza porque quiere expresar. Amor, odio, honestidad, todas cosas que la naturaleza no puede expresar.

Sin tener conciencia de esto no puede pretenderse crear una ciudad.

El deseo de ser móvil es tan grande en el hombre que podría decirse que es la primera realización común del hombre contra las leyes de la naturaleza.

Ser un pájaro, un pez, etc. son las cosas que el hombre quiere ser y la naturaleza no lo deja, dice que no. Es el mayor deseo que tiene el hombre.

Lo intemporal, hoy: el Instituto Salk en California de Luis Kahn. Foto Daniel Tenreiro Picón

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Acerca de castroferro

estudio de arquitectura y diseño formado por Jordi Castro María G. Ferro www.castroferro.com
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2 respuestas a Un seis de Octubre

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