Ver las cosas desde la arquitectura

Oscar Tenreiro / 19 de junio 2011

Como muchos visitantes de este blog ya saben, lo que aquí aparece es lo mismo que se publica semanalmente en el diario TalCual de Caracas, Venezuela, con algunas variantes, como más fotografías o comentarios introductorios dirigidos a un público menos conocedor de los temas locales venezolanos. El director de TalCual, Teodoro Petkoff, aceptó hace un poco más de cuatro años la oferta que le hice de abrir una página semanal sobre Arquitectura y Ciudad que sería para mí una suerte de continuación de mis actividades de comunicación con la gente, desde la mirada del arquitecto, que había iniciado mucho tiempo atrás (1989) en El Diario de Caracas, cuando lo dirigía Luis García Mora.

Y ocurre que Antonio Ochoa, arquitecto venezolano residente en Beijing desde hace varios años, estudiante mío en sus tiempos en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Central de Venezuela en Caracas y seguidor de este blog, me escribió proponiéndome, con motivo de acercarse el cuarto aniversario de este ejercicio semanal (la primera página apareció el 24 de Mayo de 2007, un jueves) hacerme una entrevista que en cierta manera sería como una celebración aniversaria. Me pareció bien y a la gente de TalCual también. Aquí va pues la primera parte. porque en atención a los problemas de espacio del periódico se publicará en dos tramos, este Domingo y el próximo.

Antonio Ochoa Piccardo (1956), es arquitecto UCV (1983). Desde  1993 trabaja en Beijing en su oficina privada, Red House China. Ha sido Jurado en importantes concursos y en el presente participa en la conformación del centro urbano de Ordos en Mongolia Interior, junto a un grupo de arquitectos chinos y extranjeros. Su obra ha sido reseñada en Domus y el Atlas de la Arquitectura Contemporánea de la editorial Phaidon, entre otras publicaciones. Participó en el diseño de la Comuna de la Gran Muralla, que recibió el Premio Especial del Jurado de la Bienal de Venecia del 2002. No ha perdido su contacto con Venezuela, que mantiene activo y siempre al día, particularmente en estos tiempos en que el país vive una oscuridad política muy particular, con pretensiones de eternizarse.

 

 

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Antonio Ochoa. Los arquitectos leemos poco sobre arquitectura y escribimos aún menos. Tú combinas la escritura con el ejercicio y lo haces con constancia, aparte de que no te limitas a la arquitectura, sino a otros temas que la afectan.¿Por qué lo haces? ¿Y quiénes crees que son tus lectores y cual es el “feedback” que has recibido de ellos después de 4 años continuos llevando esta página?.

Oscar Tenreiro. Mi hermano Jesús Tenreiro decía que Venezuela era un país pre-arquitectónico. La arquitectura aquí es un tema secundario. Los temas culturales tienen poca audiencia, pero la arquitectura la tiene mucho menos. Eso me impactó hace años y me decía que era necesario escribir hacia la gente, y a la vez, hacia los arquitectos. Por eso escribo, y gracias a la chispa que me legó Gonzalo Castellanos Monagas (1935-1982) arquitecto, gran amigo, lo tengo como expresión indispensable. Por otra parte, a mí desde adolescente me interesó la política. La veía como una necesidad testimonial. Y la arquitectura está tan ligada al Poder, a la formación de la ciudad, de la sociedad, que tenemos que incidir en eso, discutirlo, tomar partido. En cuanto al “feedback”, bueno, sé que la página y el blog que la recoge tiene un espacio. Y recibo llamadas o correos ocasionales.

A.O. Cuando escribes tú no mencionas tu trabajo. Crees que el lector desprevenido llegue a conocer a Oscar Tenreiro el arquitecto a través de tus escritos?

OT. Los arquitectos que escribían a principios del siglo veinte en Europa promovían una arquitectura “nueva” a partir de lo que ellos hacían. La situación hoy es otra; y aquí completamente distinta. Aquí estamos, en cierto modo y sobre todo hoy, en un hueco. Y por eso nos estorbamos entre todos. Lo que escribo pretende ser una voz desde la visión del arquitecto, y sobre todo busca que en la mirada cultural y como resultado en la acción pública del Estado, se incorpore esa visión. El punto de vista de una disciplina esencial a la modernización. Aparte de eso, dudo que aquí se me vaya a acercar alguien como cliente porque haya leído algo mío. Claro, siempre insisto en que soy arquitecto y quiero construir. La mala noticia es que vivimos en el atraso y que ya soy setentón. Pero últimamente se me han abierto campos. Modestos, pero con cierta repercusión. Y los estimo mucho.

AO. Me pregunto entonces como has conseguido tus proyectos. Todos tenemos que hacer “Relaciones Públicas” en un momento determinado de nuestra carrera.

OT. Mis primeros trabajos privados a comienzos de los sesenta, me llegaron por conexiones casuales. Y el primero institucional, público, fue la Sede del Banco del Libro en 1968. En esto fue instrumental Virginia Betancourt con quien trabajé varios años. Después, buscando hacia la arquitectura institucional pública, tuve, como muchos colegas, que valerme de contactos políticos que venían desde mi adolescencia universitaria. En esos tiempos no contaban las “RP”, sino navegar en un país donde el Estado lo es todo. Y siempre estuve haciendo propuestas o pendiente de lo que había en el ambiente. Como la Plaza Bicentenario (1980) idea que le propuse a Gonzalo García Bustillos (1929-2004), a quien conocía bien. Y Luis Herrera la apoyó desde la Presidencia. A mediados de los ochenta, un empresario joven, Manuel Furió, me encargó unas “casas para la venta” que fueron una buena experiencia. El no llegó a mí por RP sino por vínculos personales. Como llegó también un empresario italiano ahuyentado después del país por el “caracazo”. Son mis dos experiencias privadas más consistentes, la primera con realizaciones, la otra sólo proyectos. De resto, en lo institucional, que siempre me ha interesado, ha sido un ejercicio errático, muy nuestro. En esos tiempos agravado por la ojeriza política adeco-copeyana, tan negativa. Un rasgo que ahora el Régimen ha llevado al máximo practicando la exclusión política como nunca en nuestra historia.

Están por supuesto los concursos. He participado, sin ganar, en los pocos que se han hecho en décadas. Pero un enorme porcentaje de éstos no se construyeron, lo cual ha sido una vergüenza venezolana. Eso deberá cambiar. Necesitamos una política de concursos o selección de credenciales para toda la arquitectura pública. No credenciales empresariales sino arquitectónicas.

Pero recientemente me ha ocurrido algo que indica un cambio: desde la Alcaldía de Baruta en tiempos de Capriles, nicho de oposición, por intervención del recientemente fallecido William Niño, comentarista de la ciudad y la arquitectura, me llamaron sin conocerme. Las RP fueron las palabras de un estudioso. Eso es prometedor para cualquier arquitecto. Y construimos el Ambulatorio de Las Minas. Y ahora hacemos en Miranda las Escuelas Modulares. Una buena experiencia que acaba de ser reconocida por la Cámara de la Construcción.

A.O.    En tu ultimo articulo dijiste que con la mejor arquitectura y trabajos de diseño, el reconocimiento llega tarde. ¿Cual de tus trabajos realizados crees que podrían aspirar al reconocimiento tardío?

OT. Me atrevo a mencionar la Plaza Bicentenario. Un edificio con torpezas, pero su planteamiento se sostiene y tiene valores que pueden ser perdurables. Además es un aporte a la ciudad. Pero en su construcción hubo interferencias que por mi relativa juventud (44 años) me fue muy difícil manejar. Se construyó mal y nunca se terminó y equipó. Y la Casa MIlitar hasta ahora no ha entendido que es un espacio público. Siempre ha estado en una situación como de barbarie. En 2000 Farruco Sesto, quien colaboró en ese Proyecto, me encargó desde Mindur un Estudio para su terminación y mejoramiento. Pero cuando subió a mayores alturas del Poder lo olvidó, junto a muchas cosas.

Yo quisiera estar vivo cuando un Presidente democrático se decida rescatarla. Y recalco lo de democrático porque abrir esa Plaza al público exige una mentalidad democrática. Con ese espíritu fue concebida y no con la paranoia de ver enemigos en el pueblo. Si ya me hubiera ido del mundo, que el encargado busque ese estudio y emprenda su tarea. Sólo así se podrán entender los valores de la Plaza.

En una escala pequeña nombraría mi propia casa y sus anexos, así como el reciente esfuerzo de las Escuelas Modulares con la Gobernación de Miranda, que abren un camino. Y tengo Proyectos no construidos, y concursos, que creo de interés. Y poca gente conoce. Parte de nuestro estancamiento arquitectónico: se publica muy poca arquitectura fuera de lo comercial.

AO. Siempre me he preguntado por qué La Plaza Bicentenario ha sido mal tratada, mal entendida, mal utilizada. Por parte del gremio fue acogida con silencio. Y hoy, un colaborador en su diseño, alto funcionario, teniendo los bolsillos llenos de dinero, mantiene el abandono. ¿Por qué ocurre eso? La segunda, compartiste buena parte de tu vida profesional con ese colaborador, Farruco Sesto. Fue tu alumno, luego empleado y al final tu socio y amigo cercano. ¿Nunca pensaste que encubría otra personalidad?

OT. La arquitectura pública venezolana ha sido maltratada por décadas con pocas excepciones. Eso tiene que ver con la ojeriza política que he mencionado y una irresponsabilidad generalizada ante lo público. Allí está el Palacio de Justicia de Carlos Gómez de LLerena sin terminar por veinte años. Y lo mismo su Galería de Arte Nacional, a medio hacer. O el Teatro del Oeste, en Caño Amarillo, proyecto mío, rehabilitado sólo parcialmente y de modo mezquino. O el Teatro de Ciudad Bolívar también proyecto mío de tiempos de Andrés Velásquez, sin terminar desde 1992. En el primer año del gobierno de Lusinchi paralizaron la Plaza Bicentenario. Después siguió, pero de repente resolvieron dejarla incompleta. CAP-dos la ignoró y en tiempo de Caldera-dos otro arquitecto la intervino sin que me llamaran, a pesar de que meses antes me habían concedido una condecoración por ella. Es incomprensible. Una muestra de los vicios de la “Cuarta” que permanecen muy aumentados en la “Quinta”: olvido de una ética de la acción pública.

El silencio de los colegas es algo con lo que hay que contar. Pero recordemos que la Plaza ha sido un sitio inaccesible. Muy pocos la conocen. Y el abandono…

En cuanto a la segunda pregunta, el asunto es complejo. Dejo constancia que Farruco en los tiempos en los que fuimos amigos, me enriqueció y su aporte a lo que hicimos fue importante. Y que ahora es otra persona que no reconozco. Tú sabes que en el Evangelio de Mateo se dice que el diablo tentó a Cristo tres veces. La tercera tentación, la decisiva, fue mostrarle “todos los reinos de este mundo y la gloria de ellos”. ¿Qué es eso sino el Poder político?  No nos damos cuenta hasta qué punto el Poder puede transformar para mal. Lo demás se lo dejo a los psicólogos o que lo explique él, sin apelar a la cartilla revolucionaria.

AO ¿Por qué tus artículos siempre están dirigidos o a tus colegas o al Estado y nunca a los empresarios?

OT. En Venezuela hay pocos productores que vivan de las ideas. Los banqueros, comerciantes e importadores llenan el espacio privado pero lo de ellos es marketing, no ideas. Dependen del petróleo y temen las arbitrariedades populistas. Los pocos grupos económicos siempre han elegido sus arquitectos entre “relacionados y amigos”. Casi no hacen selecciones de credenciales. Eso cambiará en la medida que se modernice el país y se le abra espacio claro y positivo a lo privado. Paradójicamente, y tal vez porque precisamente en la década de los cincuenta del siglo veinte, el tiempo de Pérez Jiménez, el Estado era desarrollista y no populista, los grupos económicos privados que surgían abrieron un espacio importante a la arquitectura.

Insisto en que lo que escribo se suma a una corriente de aportes para formar opinión que podría ayudar a crear un nuevo marco de acción, moderno, actual. Que surgirá.

AO ¿Como ha ido variando con la edad tu tolerancia hacia los clientes frente a tus diseños y tu apreciación de la obra de otros?

OT.  Soy bastante impaciente. Reacciono demasiado rápidamente a los estímulos buenos o malos. Y si se trata de objeciones caprichosas, me cuesta mucho aceptarlas. Manejo mejor las observaciones de clientes institucionales que hablan de dinero, de problemas de programa, de plazos de entrega, de uso de materiales. Ahora las asumo mejor, con argumentos.

En cuanto a la obra de otros, seguramente me afecta como a muchos colegas eso de que “yo hago las cosas de otro modo” lo cual limita la capacidad de entender otras formas de hacer. Por eso es natural que seamos tan escuetos en el elogio a colegas. De todos modos me siento más libre hoy para reconocer y elogiar otras maneras de enfrentarse a la arquitectura. Aunque guardo, y lo he expresado con insistencia, distancia de ciertas arquitecturas de moda. Pero sí, la edad suaviza los juicios.

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estudio de arquitectura y diseño formado por Jordi Castro María G. Ferro www.castroferro.com
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