Todo llega al mar (II)

A quienes leyeron en este blog hace tres semanas la primera parte de estas notas sobre Le Corbusier que cuentan las distintas incidencias que culminaron en su invitación a Venezuela, les hago notar que en la carta que le dirigí le pedía un texto para “los jóvenes”.

Para situar ese pedido en el contexto de la carta de la cual guardo, por haberla escrito a mano sólo una fotocopia, paso a traducirla:
Está fechada en Caracas el 19 de Junio de 1963, ayer hace exactamente cincuenta años.

“M. Le Corbusier
París
Querido señor:
Me he decidido de nuevo a escribirle. No sé incluso si usted llegó a leer mis dos cartas precedentes. Estaba yo en ese momento en París. Ahora regresé a casa y trabajo en la Facultad de Arquitectura. Preparo un número especial de una revista editada en la Facultad que será dedicado a usted.
Sabemos que durante su vida de trabajo ha dado usted mucha importancia a su comunicación con la juventud, los estudiantes, los arquitectos jóvenes. Sabemos también que su deseo no ha sido siempre seguido (de parte de su audiencia) por iniciativas efectivas que hayan permitido una aplicación real de sus teorías. Es explicable entonces que su locuacidad de otros días haya sido suplantada por una cierta desconfianza de la gente que quiere “escucharlo”.
Es por ello, que no sin temeridad (y duda) oso pedirle unas palabras que comenzando el número puedan recordarnos a nosotros arquitectos y estudiantes de arquitectura venezolanos algunos de los principios fundamentales de su obra de arquitecto.
A usted le gustaría saber por qué este deseo. Acabo de leer la carta que usted le envió al Grupo de Arquitectos Modernos de Johannesburg en Septiembre de 1936. Todas las cosas que usted dice en esa carta han significado para nosotros mensajes profundos sobre nuestra misión como arquitectos.
Tuve entonces la idea de escribirle. Discutí la idea y recibí esta respuesta “hay pocas probabilidades de que recibas una respuesta”. Incluso el señor Tobito, uno de sus antiguos colaboradores, ha sido de la misma opinión. Pero he insistido. Nuestro país es joven. Vivimos momentos muy difíciles y nuestra arquitectura es el reflejo de este estado crítico. En nuestra Facultad no son siempre las voces claras las que son más escuchadas. Vuestro mensaje personal puede decirnos mucho y sobre todo estimularnos en este momento para penetrar más profundamente el sentido de su obra y a esforzarnos en la búsqueda de una verdad que usted ha seguido durante toda su vida.
Espero que su voz vendrá hacia nosotros. Estoy confiado. América del Sur es un continente joven y a pesar de nuestros graves problemas tenemos una gran esperanza de realización. Es a hombres como usted a los que nos dirigimos y de quienes esperamos la palabra y la guía.
Gracias.
Oscar Tenreiro ”

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Son palabras marcadas por la juventud (23 años) y por una efusión acalorada que aunque hoy me hace ruborizar un poco, renueva en mí y aspiro que en otros, sentimientos que siguen vivos, entre los cuales el de una esperanza, vaga pero persistente, respecto a lo que podría surgir en estas tierras con la arquitectura como instrumento. Un deseo que ha sido tan desacreditado por el relativismo y la visión escéptica de las olas posmodernistas que aunque luce apartado de los deseos de las nuevas generaciones, insistimos en señalar. Hay también en esa carta un deseo de seducir al destinatario para vencer posibles resistencias surgidas de su historia personal. Las usé en ese entonces como las usaría quien quiera ganar la voluntad de alguien muy establecido y por ello mismo distante, a quien reconoce sin embargo la entrega a un universo ético en el que figura destacada la idea de que el conocimiento disciplinar es una suerte de sacerdocio. Si cuando tenía veintipocos años esa idea me fascinaba, debo decir que a los setentipocos me sigue fascinando, pese a las limitaciones, a los errores, a las desviaciones, a las inexactitudes, a los errores de juicio cometidos durante cincuenta años. Poco importa, hubiera dicho con seguridad el destinatario, hay que seguir el rumbo que uno se ha propuesto.

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Y como decía al principio, en la carta de contestación cuya reproducción ya publiqué en este blog y fue el punto de partida de las cosas que he narrado, hacia su parte final estaba el párrafo siguiente, referido al texto para los jóvenes.

“Para el texto, le agradezco referirse al libro aparecido en francés, en las ediciones Vincent y Freal en París (4, rue des Beaux Arts) titulado: Le Corbusier-El Taller de la Búsqueda Paciente”. Allí encontrará en la página 21 un texto que es el mensaje más objetivo que puedo yo dirigir a los jóvenes. Usted podrá traducirlo al español y eventualmente hacerlo preceder del diseño de la página 20 en color y en negro.”

Este es el texto:
“De los trece a los diecisiete años. el buril de grabador de cajas de relojes en la mano; y también el martillo y cincel del orfebre…
A los diecisiete años y medio emprende la construcción de su primera obra (una casa con su equipamiento interno). Su maestro: L’Eplattenier. Estudio de la naturaleza. El maestro es un pedagogo liberado y liberador: no es un profesional de la enseñanza.
A los diecinueve años, Le Corbusier, con sus honorarios en el bolsillo parte a Italia “para ver”…1907 Budapest, Viena. París en el mes de Febrero de 1908. Gana su vida donde Auguste Perret (atacado entonces violentamente por sus colegas porque era contratista de sus propias obras: crimen de lesa arquitectura!). 1910, retiro a la montaña para estudiar, en los libros, el cálculo del concreto armado. 1910, Munich, después Berlín. 1911, partida al Oriente -viaje de siete meses con su mochila en la espalda: Praga, Danubio, Serbia, Rumania, Bulgaria, Turquía (Constantinopla), Asia menor. Veintiún días en el monte Athos (pintura bizantina); Atenas, seis semanas en la Acrópolis. Las columnas de la fachada Norte y el arquitrabe del Partenón estaban aún acostadas sobre el suelo. Con los dedos se toca, se acaricia, se aprecia el modelado de la obra. Estupefacción: la realidad no tiene nada en común con los libros de enseñanza. Aquí cada cosa es un grito de invención una danza bajo el sol…Grande, definitiva admonición: no hay que creer sino después de haber visto y medido…y tocado con el dedo!
Tal fue la escuela de arquitectura de Le Corbusier. Ella le había proporcionado la enseñanza; le había abierto las puertas y las ventanas ante sí, o sobre el futuro.
La vida que pasó a través de cincuenta y dos años de luchas, de derrotas, de amenazas, no afectó la ingenuidad que hacía falta tener para ir delante de lo desconocido, no bloqueó la ruta que conduce a veces a la juventud de la edad…a quedarse joven, a VOLVERSE joven.
Ya en 1914, concepción de las “Casas Dom-Ino”.

TODO LLEGA AL MAR (2)
(Publicado en el diario TalCual de Caracas, el 22 de Junio de 2013)
Oscar Tenreiro

Un paréntesis necesario: Pregunto a los altos funcionarios (universitarios) del Régimen, si ahogar a las universidades autónomas y además enviar bandas de vándalos a destruir cosas en la Ciudad Universitaria, es “construir el socialismo”. Ni construcción ni socialismo, eso es estupidez y crimen. Con ustedes como silenciosos cómplices. No hay “debate” ni ideología que pueda limpiarles la cara.

I
Mencioné que Mariano Picón Salas, para entonces (1963) Secretario de la Presidencia de la República, llevaría ante el alto gobierno la idea de invitar a Corbu.

Mi juventud ( 25 años) y mi falta de representatividad exigían sumar voluntades de personas conocidas dispuestas a sumarse a la iniciativa. Decidí entonces dirigirme a quienes pensaba, gracias a su trayectoria profesional y docente, que estarían de acuerdo en constituir un grupo promotor que presentaría formalmente la idea ante las autoridades.

Era obvio que Villanueva tenía que ser figura principal del grupo, no sólo porque su obra tenía raíces firmes en el legado de Corbu, sino porque sus conexiones personales con él garantizaban su adhesión. Lo hizo sin reserva alguna y de allí en adelante asumió una actitud clave en todo el proceso. Los demás fueron: Oscar Carpio, Decano encargado de nuestra Facultad; Julián Ferris, Presidente de la Sociedad Venezolana de Arquitectos y ex-Decano; Guido Bermúdez Briceño, Presidente de la Sociedad Bolivariana de Arquitectos; y Antonio Cruz Fernández Director de la Oficina Municipal de Planeamiento Urbano del Distrito Federal. Con todos hablé y en una primera reunión redactamos una carta dirigida a Picón Salas para pedir formalmente su intermediación, la cual culminó en su sugerencia de orientar todo a través de Alejandro Oropeza Castillo, Gobernador del Distrito Federal, mientras él se comprometía a apoyar la idea desde su elevada posición.

Hubo una segunda reunión celebrada en el Decanato de la Facultad donde acordamos convertirnos en un grupo promotor, según consta en un acta que Carpio hizo preparar ese mismo día, el 20 de Septiembre. Allí Cruz Fernández propuso que se le encomendara a Corbu el Proyecto del Conjunto Cultural de los Caobos, incluyendo el desarrollo del Teatro de Ópera, propuesta que su despacho había incluido en el programa de obras para los 400 años de Caracas, el cual, como es habitual entre nosotros, nunca se ejecutó.

En esa reunión se acordó que Villanueva le escribiera de inmediato a Corbusier para consultarle la posibilidad de aceptación a la invitación. Él lo aceptó de muy buen grado y así lo hizo en carta fechada el 27 de Septiembre. Ese mismo día, estimulado por los contactos anteriores, también yo le escribí de modo más informal (a mano y con unas cuantas tachaduras) ampliando el alcance de lo que se le ofrecía y extendiéndome en otras consideraciones sobre el posible impacto de su visita. Y como yo venía siendo de hecho algo así como el secretario ejecutivo del grupo, me pidieron que preparara una semblanza de Le Corbusier que sirviera de fundamento a la audiencia con Oropeza Castillo.

Nunca en mi vida he redactado algo de modo más rápido. Llegué a mi casa y en unas tres horas tenía ya un pequeño documento de 2700 palabras sobre la trayectoria vital de Le Corbusier, que serviría como Memorando presentado para sustentar la iniciativa. Iba anexo a una carta dirigida al Gobernador fechada el primero de Octubre, quien nos recibió el día 4 con particular amabilidad. Cuando nos despedía pronunció una frase que no he olvidado y que pese a que puede parecer un tanto convencional, de todos modos subraya su sensibilidad de hombre que era capaz de valorar la importancia de la propuesta: Caracas contaría, de hacerse realidad el plan, con una flor en el ojal.

Quedaba entonces solamente esperar la contestación de Corbusier, que vino en carta del 14 de Octubre:

Mi querido Villanueva:
Gracias por su gentil carta del 27 de Septiembre de 1963.
Usted me pide ir a Caracas para llevar adelante grandes trabajos. Lástima, todo esto es imposible de ahora en adelante: mi médico me recomienda limitar mi trabajo y evitar las fatigas de algunos viajes. Es por ello que ustedes no podrán verme en Caracas ni como visitante ni como arquitecto para nuevos proyectos.
Recibí una carta del Sr. Tenreiro, a quien le envío una copia de la carta que aquí le envío.
Recibí igualmente una carta firmada por el Sr. Jorge Soto Nones y cuatro de sus amigos (Taller de Arquitectura Taliesin de La Floresta) conteniendo los artículos de prensa que anuncian mi visita.
Perdóneme por ser negativo. Sepa usted que tengo casi todos los días en mi correo pedidos similares venidos de Europa, América y Asia que rechazo absolutamente. Tengo 76 años y debo tener cuidado.
Agradeciéndole vivamente su gran simpatía, quiera usted aceptar, querido amigo, mis mejores sentimientos.
Le Corbusier

Le Corbusier moriría menos de dos años después, de un infarto mientras nadaba en el Mediterráneo, algo que su médico también le había prohibido.

II
Así terminó esta historia impulsada por la aureola de renovación y apertura que suscitaba este arquitecto esencial. Siempre he pensado que fue un capítulo que retrataba una Venezuela con deseos muy fuertes de abrirse al conocimiento y a una visión de universalidad que hoy parece oculta por una marea gruesa de consignas vacías e hipocresía. Era la de entonces una sociedad que deseaba ver hacia adelante. Y quienes tenían responsabilidades unidas a una representatividad institucional, pese a sus errores y limitaciones que en un medio como el nuestro siempre agobian, hacían el esfuerzo por abrir espacio a los valores de la cultura, independientemente de su origen. Esa Venezuela debe ser recuperada.

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