Formando arquitectos revolucionarios

Oscar Tenreiro / 12 de Abril 2014

Me pregunto qué le dirán a sus alumnos sobre la disciplina y el contexto revolucionario que la condiciona, los profesores universitarios partidarios del Régimen.

Tendrán que hablarles por ejemplo de lo que en Venezuela llaman el estamento militar, destacando la importancia que los uniformados tienen en el manejo del país como parte del poder político que los ha llevado a los más altos niveles de la administración pública. Les dirán a los estudiantes que los militares tienen sobre los civiles la enorme ventaja de ser seguidores confiables de órdenes superiores. Y eso es fundamental para un Estado moderno, actualizado, capaz de superar los vicios de los tiempos en que los civiles copaban los cargos de una administración pública decadente. En efecto, si se consideran con seriedad las nuevas modalidades de actuación que le ha abierto al país lo revolución en curso, seguir órdenes es una de las mayores virtudes del alto funcionario. Sobre todo teniendo en cuenta que ellas provienen de un liderazgo particularmente esclarecido, inspiradas en un conjunto de directrices dejadas y establecidas como legado por un Líder Eterno que fue luz y guía.

Ante preguntas sobre capacitación y eficiencia les corresponderá afirmar que los militares gozan de un alto nivel profesional. Basta conocer las ideas y procedimientos de algunos de los más altos representantes militares del Régimen. Por ejemplo en la Asamblea Nacional. O en el manejo de lo relativo al abastecimiento eléctrico del país. Y en muchos otros campos que completan el cuadro de eficiencia y gerencia moderna que caracteriza a la Revolución. Lo cual, en último término configura un cuadro institucional en el cual la visión militar abrirá opciones que, paradójicamente, favorecerán el desarrollo de las profesiones universitarias y entre ellas la del arquitecto.

II
Pero también deberán hablarle a los estudiantes de la importancia de la ideología en su formación y el cultivo de sus destrezas. De consideraciones ideológicas deducirán razones para entender el tema militar, y podrán situarse mejor respecto a asuntos de importancia para el conocimiento de nuestra disciplina. Por ejemplo el de la experiencia: una base ideológica sólida los orientará hacia contextos revolucionarios análogos al de Venezuela.

Como la experiencia cubana. De la cual surgieron las famosas escuelas de arte, danza, etc. de Ricardo Porro y Vittorio Garatti. recientemente ilustradas en un interesante documental. Es verdad que se comenzaron hace medio siglo y aún no se terminan a pesar del interés personal del Gran Comandante (el de allá), pero la fe ideológica les hará confiar en que en un futuro próximo surgirán nuevos ejemplos llamados a ser referencias inestimables. (Se explicará por qué en Cuba la arquitectura turística está a cargo de extranjeros).

Suponemos que orientarán la mirada de los estudiantes hacia la Revolución Islámica de Irán que conocerán bien gracias a las muy activas relaciones entre nuestra revolución y la de ese país. Y tendrán que hablar de China, explicando cómo hay allí capitalismo si la última palabra la tienen el Partido Comunista Chino y el Ejército Rojo. Capitalismo que sirve para ellos pero no es aconsejable de este lado del mundo.

A la luz de la ideología harán esfuerzos por conocer lo hecho en Corea del Norte, en Bielorrusia, Zimbabue, y sobre todo esa inmensidad de territorio y de cultura que es Rusia, hoy gobernada por un líder cercano a nuestro Ausente, empeñado en devolverle las glorias soviéticas a su enorme pedazo de planeta. País del cual se espera un renacimiento arquitectónico, todavía enturbiado por los vestigios del desorden en el que se sumió, una vez consumado el derrumbe de su revolución, también gloriosa.

III
Pero lo más difícil para estos profesores será decirle a los alumnos que pocos serán los elegidos para hacer las cosas que hay que hacer. Que será necesario en primer lugar que demuestren su fidelidad revolucionaria. Que no se dejen llevar por el espíritu crítico para señalar los errores y denunciarlos. Que se ocupen de tener amigos encumbrados para practicar el socialismo de amigos (análogo al capitalismo de amigos) y con esa influencia llegar a los contratos públicos porque los privados se irán extinguiendo. Deberán aceptar lo que la revolución en su Alta Conducción vaya dictando a través de sus principales dirigentes, que afortunadamente, en esta primera generación revolucionaria están cerca de los profesores. Y algunos de ellos estuvieron hasta hace poco en las aulas y tienen o han tenido mucho poder. Hasta que más adelante, con la revolución ya establecida, se alejen hacia las brumas de la Nomenklatura. Lo que esos dirigentes dispongan lo deberán aceptar con sumisión creadora, como la de todo buen revolucionario.

Y surgirá así un nuevo tipo de arquitecto, nutrido de las fuentes esenciales, sólido intelectualmente, informado sobre las fuentes más legítimas, seguidor de la dirigencia y consciente de que muchos son los que estudian y muy pocos los que harán las cosas. Y como el anonimato es una virtud revolucionaria, el nombre de esos autores no se revelará.

Todas estas cosas, si se persigue un mínimo de coherencia entre ser y actuar, las dicen, o las deberían decir, los arquitectos revolucionarios en su rol de profesores. Y por supuesto los arquitectos en ejercicio que aspiran a ser promotores activos en la sociedad que se diseña y construye desde 1998.
Pero no las dirán porque la parodia a la que se sumaron les robó el rostro. Lo que predican hoy es sólo retórico. Se convirtieron en figuras de cartón, lo que decían detestar.

Fragmento de la Escuela de Danza (1961-65) de Vittorio Garatti, en Cuba.

Fragmento de la Escuela de Danza (1961-65) de Vittorio Garatti, en Cuba.

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