DIGRESIONES (1)

Oscar Tenreiro

Inicio hoy una nueva modalidad de escritura en este blog. O más bien debería decir que con esta explicación formalizo lo que ya venía ocurriendo. Porque desde hace un tiempo largo había cambiado la frecuencia de los temas que me ocupaban. Le había dado cada vez más espacio al ejercicio de recordar, comentar y dejarme llevar (usé estas palabras como título de algo que publiqué) por lo vivido, con la idea de que las cosas de la arquitectura se revelaran por sí solas desde el movimiento del recuerdo. Me ha parecido importante usar mi deseo de escribir para trasmitir puntos de vista que pueden tener el interés de haberse formado en un espacio geográfico, social, económico, en resumen cultural, que es singular y de cuya cotidianidad creo que vale la pena dejar registro, sobre todo porque aquí hemos vivido circunstancias que muy poco se parecen a otras. Y que lo haga quien no se atrevería a definirse a sí mismo como escritor, sino como lo he dicho varias veces, básicamente un arquitecto que escribe, quien en estos años de mayor edad lo hace además para aceptar mejor la vida y tratar de entenderla, o al menos alguna de sus dimensiones; alguien así asume la escritura con más libertad, sin sentirse constreñido por su “persona” literaria.

Los textos nacerán de impulsos disparados por una preocupación, una lectura o hasta una palabra, y se extenderán sin tener necesariamente continuidad, como comentarios que tanto pueden ser ampliación del tema inicial como irrupción de otros complementarios, o diferentes. La forma será pues como la que he seguido ya, residuo de mi paso por lo periodístico, textos más o menos cortos que pueden dar o no puntos de partida para los que siguen o tomarán otra dirección. Me apartaré entonces del hilo, serán en realidad digresiones que se irán sumando, y de allí su nombre. Algo análogo a lo que hice meses atrás con las Confecciones. Espero que ello no confunda y que los saltos no incomoden.

Y escribiré mucho sobre lo vivido en la infancia y la adolescencia, lo cual hago apoyándome en lo que una vez comentó ante nosotros un amigo sacerdote venezolano, Anselmo José Cerró Udis, fallecido un par de años atrás en El Tocuyo venezolano. Decía Anselmo que el hombre o la mujer ya estaban formados, en el sentido de los rasgos básicos de su carácter y sensibilidad, al comienzo de la adolescencia, a los catorce o quince años. Recuerdo tan vívidamente su comentario porque en realidad yo pensaba lo mismo, si, aparte de toda referencia basada en lecturas o estudios, lo que hacía era simplemente rememorar mis años tempranos. Me daba cuenta de que efectivamente, muchas de las cosas que habrían de conformar mi manera de ver y estar en el mundo, ya en esa edad estaban en mi conciencia, aunque por supuesto, y me parece que ese era también el punto de vista de mi amigo, en forma rudimentaria, como germen, esperando desarrollo, elaboración, maduración. Y lo sigo pensando a pesar de que hoy se ha generalizado en la relación con los hijos y en el ambiente educativo escolarizado o no, al igual que en el intercambio social, un exceso de prudencia respecto a lo que se puede decir, proponer, o exigir a los más jóvenes, una especie de sobre-protección que desea hacerlos permanecer en una eterna adolescencia (o infancia) sin compromisos fuertes, responsabilidades, posiciones tomadas con convicción ante los hechos y las ideas. Así que un poco tarde le doy la razón a Anselmo. Y como hago en el texto que sigue, como he hecho y seguiré haciendo, hablaré de momentos de mi pasado juvenil, e incluso infantil.

Una cosa final: voy a hacer el especial esfuerzo de estar aquí puntualmente, cada siete días. Y si eso resulta imposible, será en la semana siguiente.

 

DIGRESIONES (1)

Oscar Tenreiro

 En días pasados retomé la lectura del cuarto volumen de la biografía de Dostoievski escrita por el estadounidense Joseph Frank y publicada por el Fondo de Cultura Económica, cuyos tres primeros había leído poco más de veinte años atrás. No sólo disfruté mucho sino que espero ansioso la oportunidad de poder comprar en un viaje el quinto volumen, porque en la Venezuela en crisis la sucursal de esa editorial dejó de traer libros. Y a partir de la lectura se dispararon otras cosas, una de ellas relacionada con mis años tempranos.

En mi adolescencia universitaria oía hablar de Dostoievski (1821-1881) entre las personas que frecuentaba, las algo mayores, compañeras de mi hermano Jesús. Yo no era un lector fervoroso a diferencia de él y de algunos de sus amigos así que leí Crimen y Castigo más cerca del final de la carrera porque esa novela flotaba persistentemente entre quienes querían afinar sus gustos literarios y eso era de rigueur entre los estudiantes de arquitectura más dedicados. Tenía pues idea de su importancia como escritor universal y me llamaba especialmente la atención en esos tiempos míos entre los quince y los veinte años, llenos de una muy fuerte inquietud religiosa, la presencia de lo trascendente-cristiano en la obra del gran escritor, su misticismo podría atreverme a llamarlo ahora, que lo convertía en una especie de contrafigura frente al mundo intelectual marxista que prosperaba en el espacio cultural soviético expandido como una niebla a mi parecer oscura y amenazante hacia los cielos más claros de América Latina.

Así que cuando viajé en Julio de 1959 a Leningrado-San Petersburgo y Moscú movido por la curiosidad propia de los jóvenes de mi generación y aprovechando unas giras que salían desde París donde en ese momento Delia Picón quien sería la madre de mis primeros cuatro hijos pasaba unos meses con su padre Mariano Picón-Salas, a la sazón Embajador de Venezuela ante la Unesco, tenía en mi cabeza el nombre del novelista tal como si fuera un símbolo espiritual que estaba yo presto a enarbolar a la primera señal favorable.

Eran unas giras muy económicas que empezaban a señalar un cierto deseo de apertura del Régimen Soviético post-estalinista, seis años después de la muerte del Dictador Supremo, ya en la era Kruschev, porque mi viaje fue en Julio de 1959. Salían desde Le Havre en barco (Michail Kalinin se llamaba el nuestro), de allí a Londres, Copenhague y Helsinki hasta recalar en Leningrado, desde donde se tomaba un tren a Moscú y otro, ya de salida, hacia Varsovia, Praga, Stuttgart, y de regreso a París.

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Y mi primera experiencia sobre los usos soviéticos respecto a la cultura pre-comunista la tuve durante una visita que como parte de la gira se dispensaba a una de las grandes ex-iglesias de Leningrado (viendo fotos concluyo que fue la Catedral de Nuestra Señora de Kazan, de 1811) transformada en Museo. Museos sin Dios se llamaron en los primeros años de revolución según lo había leído en Europa y el Alma de Oriente de Walter Schubart (1897-1942) libro que puso en mis manos un amigo chileno durante mi visita a Santiago el año anterior.

Luego del recorrido por el interior de la iglesia, llena de iconos mostrados no como figuras religiosas sino como obras de arte, a la salida, el guía nos mostró un enorme cuadro al óleo que representaba escenas de la revolución y los rostros de personajes importantes de la historia rusa anterior a ella, entre los cuales estaban artistas y escritores. Hizo algunos comentarios sobre este o aquel, deteniéndose un tanto en León Tolstoi (1828-1910), pero me llamó poderosamente la atención que Dostoievski no estuviera. Evidentemente, había sido censurado. Tomé la palabra en mi imperfecto francés del momento para preguntar sobre el por qué de la ausencia, pero no hubo respuesta.

Salimos con el grupo al pórtico, una doble hilera de columnas corintias que siguen una huella en arco definiendo una plaza ajardinada: el pesado neoclásico decimonónico. Nos juntamos con un grupo de militares que visitaban ordenadamente el museo. Tomé unas fotos que aún guardo y aquí muestro, tan imperfectas como el tiempo lluvioso y gris oscuro de esos días. Quise dejar la imagen que caracterizó el viaje: militares, siempre de mirada severa, como el que me mira al pie de la figura cristiana.

Catedral de Nuestra Señora de Kazan (1811) San Petersburgo (foto de Internet)

En aquellos años (1959) en todos los monumentos históricos había grupos de militares de visita

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Se afirmaba en mí entonces la idea de que en la vida y obra de Dostoievski había muchísimos aspectos que atañen a las convicciones más profundas del ser humano, que refutaban los fundamentos mismos del proceso desatado por la Revolución Rusa.

Y no es que Tolstoi no lo fuese por igual, sino que el mensaje de Tolstoi es menos problemático ideológicamente por varias razones.

En primer lugar porque los personajes novelescos de Tolstoi son de conductas predecibles, sus conflictos son más bien morales en el sentido íntimo de la palabra, luchas con las convenciones de su nivel social; conflictos que en su obra fundamental, Guerra y Paz (1865-69), son avasallados por el deslumbrante escenario épico de la Rusia eterna que resiste y derrota la avanzada bélica de occidente, todo un símbolo de lo nacional, de la Madre Rusia. En segundo término, fuera de la ficción literaria, su prédica personal como profeta que abogaba por la superación de los privilegios tradicionales de la nobleza propietaria de enormes extensiones de tierra y dueña de las vidas de sus siervos (como era el caso de su propia familia, él era Conde) en su dimensión política se orientaba hacia la no-violencia activa, pacifista (fue admirador del pensador americano Henry David Thoreau, y lector de su Ensayo sobre la desobediencia civil de 1849) y especulaba sobre la abolición del Estado estableciendo nexos ideológicos con el anarquismo, por lo cual podía ser visto como ideológicamente afín. En tercer lugar, su fuerte crítica a las iglesias y especialmente a la Ortodoxa Rusa motivada por su búsqueda de la pureza del mensaje primigenio del Cristo evangélico podía verse como parte de un panorama de cuestionamiento al ideario revolucionario violento, sin poner en cuestión de modo directo los presupuestos de redención social, más bien afirmándolos en su contenido moral. Y por último, las obras que dedicó a promover su filosofía (Mi religión o Cuál es mi Fe-1884, El Reino de Dios está en vosotros-1894, y Últimas Palabras-1909, fueron lectura obligada (entiendo que una de ellas circuló en traducción al alemán como El Evangelio según Tolstoi y que Ludwig Wittgenstein la leyó) para todo aquel que se sintiera llamado al testimonio moral personal frente a las imperfecciones sociales. Eran llamados a la conciencia, que defendían una postura no eclesiástica y anticlerical (fueron censurados y Tolstoi excomulgado por la Iglesia Ortodoxa Rusa) cercana a la política oficial, que por ello pasó por alto las críticas al socialismo y al comunismo que contenían. En resumen, el gran prestigio de Tolstoi no sólo en el mundo cultural-literario de la Rusia profunda sino en la imaginería popular como figura moral, hacía necesario (es el caso de José Martí en Cuba, salvando todas las distancias) incorporarlo a las fuentes ideológicas de la Revolución, aunque se tratase de una abierta insinceridad.

Leon Tolstoi en 1897

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Dostoievski por Vasili Perov

Mientras que Dostoievski, ya en su Recuerdos de la Casa de los Muertos (1862), novela sobre su experiencia de preso político durante cuatro años a causa de actividades subversivas alimentadas por sus simpatías antimonárquicas, nihilistas, también cercanas al anarquismo, escrita al salir luego de su tiempo de reclusión en Siberia, da cuenta de un proceso de revisión de sus actitudes de joven conjurado que lo mantuvo activo y en guardia a lo largo de su vida, entregándose a polémicas que renovaban permanentemente su posición como cuestionador de los radicalismos políticos que llevarían después de su muerte, ya en los primeros años del siglo veinte, hacia el bolchevismo revolucionario marxista. En sus obras, los personajes están marcados por conflictos psicológicos en los cuales está siempre presente la sospecha de la falsedad, como espejismo, de las salidas fáciles propuestas por el ejercicio de la violencia política, aparte de una constante desconfianza frente a las jerarquías sociales y muchos otros aspectos de la complejidad psíquica del ser humano sobre la cual busca el modo de dirigir la luz de la fe cristiana, no tan sólo como norma de comportamiento cual podría ser la visión de Tolstoi, sino sobre todo como fundamento de una posición frente a la realidad. Un enfoque nada lineal, en el cual las pasiones humanas se muestran de modo descarnado, siempre confrontadas mediante la interacción de los personajes, con los valores evangélicos. Y también a diferencia de Tolstoi no se separó de la Iglesia Ortodoxa Rusa, se mantuvo vinculado a ella y se inspiró con gran respeto, casi reverencial, en figuras como la de San Tijón de Zadonsk, un Obispo-monje ruso del siglo XVIII, en el caso del proyecto de una novela que nunca escribió y que finalmente inspiró al personaje de Zósima, el stárets (consejero espiritual de los monasterios ortodoxos) de Los Hermanos Karamazov. Dostoievski defendía una posición vinculante, no rupturista con el pasado histórico ruso y con la espiritualidad cristiana más auténtica, más profunda, que para él aún tenía expresiones en el mundo eclesiástico y clerical, posición que caracterizaba su vida pública, lo cual por supuesto era contrario a la intención aniquiladora respecto a la Iglesia Ortodoxa que fue inspirada y promovida por la ideología revolucionaria bolchevique en los años del Terror Rojo (1918-22) ya triunfante la Revolución.

En resumen, es obvio que para el oficialismo revolucionario soviético una personalidad como la de Dostoievski era incómoda por lo inclasificable, por su actitud crítica al ateísmo socialista, al nihilismo, por su incisiva exploración de los conflictos de conciencia, por su insistencia en señalar al fondo del alma donde conviven la claridad y la oscuridad, por la dificultad para ser etiquetado según es práctica del mundo comunista, por ser en fin de cuentas una presa muy difícil para el esquematismo marxista defensor a ultranza del ejercicio de su Poder….de allí la necesidad de censurarlo.

El “starets” Paisios (foto tomada de Internet)

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Y puede ser útil en este punto recurrir directamente a Tolstoi y a Dostoievski.

Mientras escribía, leí en versión pdf de Internet la obra de Tolstoi que mencioné, El Reino de Dios está en vosotros, para sorprenderme, no con el mensaje de fidelidad evangélica que he mencionado del cual sabía algo, sino por el tono polémico de algunos pasajes en relación con la Iglesia Ortodoxa Rusa y otros, que si bien es cierto como ya he dicho el Régimen comunista podía ver como favorecedores de sus posturas en contra de las instancias de Poder de tiempos zaristas, son en realidad fuertemente críticos con el establecimiento revolucionario y, yendo hacia la actualidad, con la desgraciada situación que atravesamos hoy en un país como el nuestro a tanta distancia de lo que motivó al gran escritor.

Como yo remitía mi imagen de Tolstoi a un pasado distante de los temas de hoy, me sorprendí como contrasta sus tesis respecto al pacifismo y la no violencia activa con referencias internacionales de contenido político, aparte de que me era desconocido su fuerte rechazo del mundo eclesial como obstáculo a la pureza del mensaje cristiano; cuestiones que siguen estando en la preocupación actual. Descubrí además una faceta de su personalidad, la de rebelde, la de luchador, mientras se afirmaba mi admiración por la intensa religiosidad por adhesión o por rechazo que era común en el mundo cultural de Rusia en esos tiempos, cuando estaban en su madurez creativa estas figuras gigantes de la literatura universal.

Transcribo pues aquí algunos de los pasajes que copié de El Reino… con la idea de que el lector saque sus propias conclusiones.

 

(Pag. 37 de la edición pdf en Internet, del Reino de Dios está en vosotros de Leon Tolstoi): La acción de esta Iglesia consiste en infundir, por todos los medios posibles, en los cien millones de hombres de esta nación rusa, las antiguas creencias que fueron una vez profesadas por hombres absolutamente extraños a nuestro pueblo, en las cuales nadie más cree, muchas veces ni aún aquellos cuya misión es protegerlas.

(Pag. 51): El cumplimiento de la doctrina está en el movimiento del yo en dirección a Dios. Es evidente que esto no puede tener leyes o reglas determinadas. Cualquier grado de perfección o imperfección es igual frente a esta doctrina, cuyo cumplimiento no se constituye en la obediencia a ley alguna; por eso no pueden existir reglas o leyes obligatorias.

(Pág. 53): ¿La humanidad? ¿Donde están los límites de la humanidad? ¿Donde termina ésta? ¿Dónde comienza? ¿La humanidad acaba, tal vez, en el salvaje, en el idiota, en el alcohólico, el el loco? Si trazamos una línea que limite a la humanidad, excluyendo a los representantes inferiores de la especie humana ¿donde trazaremos esa línea? ¿Excluiremos a los negros, como hacen los americanos? ¿Y los hindúes como ciertos ingleses? ¿Y los judíos como muchos otros? …

(Pág. 54):…Con el concepto cristiano de la vida, el amor no es una necesidad y no se ejerce sobre cosa alguna; es una facultad esencial del alma humana. El hombre ama, no porque haya interés en amar esto o aquello, sino porque el amor es la esencia de su alma, porque él no puede dejar de amar.

(Pág. 61):…Por eso, impresionables o no, nuestras clases acomodadas no pueden, como los antiguos que creían en sus derechos, gozar de las ventajas de las cuales despojaron al pobre. Toda su vida y todos sus placeres está perturbados por el remordimiento y el miedo.

(Pág. 166):“Tomad conciencia, hombres, y creed en el Evangelio” dijo Cristo hace dieciocho siglos; y él lo dice con mayor fuerza hoy que la desgracia que vaticinó ya ocurrió y que nuestra vida alcanza el último grado de locura y sufrimiento

(Párrafos finales): “La venida del Reino de Dios no es observable. No se podrá decir: ‘¡Helo aquí! o, ¡Helo allí!’ porque el Reino de Dios está dentro de vosotros” (Lucas 17, 20-21)

Yasnaya Poliana (la propiedad de Tolstoi, cerca de Moscú) 14/26 de Mayo de 1893

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De Dostoievsky, estos fragmentos del poema del Gran Inquisidor de Los Hermanos Karamazov. Los encontré de asombrosa actualidad.  Veamos:

Si, tenéis razón: sólo vosotros estáis en posesión de su secreto y a vosotros volvemos. ¡Salvadnos de nosotros mismos! Al recibir de nosotros el pan habrán de ver harto claro que nosotros les damos el mismo pan que ellos con sus manos amasaron; verán que se lo repartimos, sin nada de milagro; verán que no convertimos las piedras en pan, pero, en realidad, más que el pan mismo, estimarán el recibirlo de nuestras manos. Porque tendrán sobrado presente que antes, sin nosotros, ese mismo pan ganado por ellos convertíase en sus manos en piedras, mientras que cuando se volvieron con nosotros, las mismas piedras convirtiéronse en sus manos en pan. Sobrada, sobradamente estimarán ellos lo que significa someterse para siempre. Y en tanto los hombres no lo comprendan, habrán de ser desdichados…¿Quién ha contribuido más que nadie a esa incomprensión, dilo?….Entonces nosotros le proporcionaremos la felicidad mansa, apacible, de los seres apocados como ellos. ¡oh! Nosotros les persuadiremos finalmente, a no enorgullecerse….

…Sí, nosotros les obligaremos a trabajar; pero en las horas de asueto, ordenaremos su vida como un juego de chicos, con infantiles canciones, coros e inocentes bailes. ¡oh, los absolveremos de sus pecados; son débiles y sin bríos, y nos amarán como niños, por consentirles pecar! Les diremos que todo pecado será redimido si lo cometieron con nuestra venia; les permitiremos pecar, porque los amamos; el castigo de tales pecados, cargaremos con él. Y cargaremos con él y ellos nos idolatrarán como a bienhechores..

En una carta a su hermana Vera, esposa de A. P. Ivanov, con motivo de la muerte de éste en 1868 (citas que saco de la pág 290 de la biografía de Josef Frank):

…Verotchka, querida, laméntate y derrama lágrimas, pero, en nombre de Cristo, no te entregues a la desesperación …Mira, tú crees en una vida futura, como todos ustedes; ninguno de ustedes se ha dejado contagiar con el podrido y estúpido ateísmo. Recuerden que él en realidad lo sabe todo acerca de ustedes, nunca pierdan la esperanza de reunirse con él y crean que esta vida futura es una necesidad, no solamente un consuelo

Y a su sobrina Sofya, en el mismo año:

Querida Sonya (diminutivo de Sofya en ruso) ¿realmente no crees en la continuación de la vida y, ante todo, en la progresiva e infinita, en la consciente y universal fusión de todo?. Pero sabes, le mieux n’est trouvé que par le meilleur (lo bueno no se encuentra sino por lo mejor) ¡Ése es un gran pensamiento! Así ¡hagámonos dignos de los mejores mundos, de la resurrección y no de la muerte en los mundos inferiores! ¡Ten fe!

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