DIGRESIONES (17)

LAON (y de nuevo Proust)

Oscar Tenreiro

Laon queda en la región de Picardía, limítrofe con la de Champagne, en el Noreste de Francia a unos 150 kilómetros de París. La catedral de Nuestra Señora de esa ciudad es considerada el templo gótico más antiguo de Francia, construido en los últimos años del siglo XII y primeros del siglo XIII, básicamente los mismos años en los que se construyó la Basílica de Asís que hemos comentado anteriormente.

Pienso que es posible ver a Laon como muestra de un sesgo regional en el desarrollo del gótico francés, tal como hablamos en el caso de Italia de góticos pisanos, florentinos o venecianos; y me apoyo para ello en sus características especiales que no se encuentran en ninguna otra catedral gótica francesa de las más antiguas, que es con las cuales podría compararse. No excluyo que este punto de vista pueda ser refutado por los estudiosos, pero me parece posible sin embargo destacar algunos rasgos que le son propios y que no es fácil relacionar con otros ejemplos, ni anteriores ni posteriores. Estas líneas, producto de la observación con ocasión de una visita muchos años atrás y de un repaso de imágenes motivado por el deseo de re-examinar Laon por razones que expondré, persiguen destacar los rasgos que pudiéramos llamar especiales del monumento y a la vez son un esfuerzo por reconstruir viejas impresiones complementándolas con las que ahora el repaso me ha ido deparando. Aclaro que son impresiones de primera mano producto del espíritu de observación que termina por ser parte de la actitud de todo arquitecto por hábito o por inclinación personal, a la vez que insisto en evitar lenguaje técnico para dejar fuera de lo que digo toda idea de especialización; insistiendo además en que no me afilio sino para efectos cronológicos a la típica diferenciación entre estilos que se acostumbra establecer para facilitar el examen de la arquitectura histórica porque creo que explicar las particularidades de Laon (o de cualquiera de estos monumentos) suponiendo que se deben a la adopción de criterios estilísticos (se inició estilo románico y se continuó estilo gótico, he leído en relación a Laon) pasa por alto, lo recalco, las complejidades que concurren a la forma final de la arquitectura, derivados de los procesos constructivos, de tradiciones, y por supuesto, de decisiones autónomas, con frecuencia producto de inspiraciones (Kahn) de los constructores y quienes los patrocinan.

Laon en 1962, en silueta tal como se veía desde la carretera (en primer plano una adición posterior cuyo origen no me ha sido posible conocer)

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Nuestra aproximación a Laon por carretera (no había a mediados de 1962 sino una autopista en Francia, la del Sur) nos produjo la primera sorpresa: las torres de la catedral, recortadas a contraluz contra el cielo brillante surgiendo sobre la silueta de la vieja ciudad que arropaba la colina, parecían muy extrañas. Y hasta llegué a pensar (nada había leído sobre Laon) que eran de tiempos posteriores, tan poco góticas me parecieron. La luz las atravesaba dándoles la apariencia de un esqueleto, sin corporeidad, demasiado livianas. Además, eran más de dos sin que llegara a discernir cuantas, segunda sorpresa. Ya en la ciudad vi que eran cuatro, y aprendo ahora (1) que construir varias torres fue el propósito inicial en muchas catedrales góticas, el cual solo se cumplió parcialmente aquí.

Pero ese no es el único aspecto que llama la atención. Otro es la forma como se ven las torres de la fachada principal (poniente), cuyo nacimiento no se anuncia (por refuerzo de los muros mediante contrafuertes, por diferenciación ornamental) desde el suelo como es en general el caso, sino que parecen estar puestas sobre un podio de la misma altura de la nave principal: es allí donde se originan al menos vistas desde el acceso (porque lateralmente la visión es más común). El podio que es en realidad el cuerpo de la fachada que limita en toda la altura a la nave principal está coronado de pequeños arcos formando una especie de estrecho corredor superpuesto al plano real de la fachada, sobre los portales de acceso y el rosetón, creando un efecto de profundidad y coronamiento similar al de la Catedral de Pisa. Desde ese podio se alzan ambas torres idénticas, cada una con un escalón intermedio a partir del cual las esquinas del volumen se rompen y las ocupa una especie de balcón de dos pisos de planta cuadrada rodeado de columnillas, entre las cuales se asoman los famosos bueyes de Laon. Las torres parecen pues comenzar a media altura desde el podio, no desde el suelo, como sí ocurre con las dos torres del crucero.

(1) Laon…Debía haber tenido siete torres, pero sólo se terminaron cuatro…El número siete tenía un significado simbólico ya que era la suma de las tres personas de la Santísima Trinidad y de los cuatro Evangelios, el número de las virtudes (y de los vicios), el número de los dones del Espíritu Santo, el número de las artes liberales, y el número de los candelabros del cielo. Ninguna catedral gótica llegó a tener las siete torres, pero se planificaron en muchas (Chartres debió haber tenido ocho)…Frederick Hartt, (Prof. de La Universidad de Virginia EUA) Historia de la Pintura, Escultura y Arquitectura. Frederick Hartt. Ed. Akal 1989, Pags. 482 y sigu.)

Laon en 1962 (tal vez desde esta calle fue la primera visión de Proust)

Laon en 1962

Laon en 1962 (en primer plano la adición)

Laon desde la distancia hoy (Internet)

Esta foto muestra lo que decimos sobre las torres delanteras (Internet)

La torre norte de Chartres nace desde el suelo (foto de 1981)

Catedral de Nuestra Señora de Laon (Internet)

Puede apreciarse la gran altura del cimborrio (la pirámide antes de las torres) (Internet)

Laon de noche (internet)

La fachada principal (poniente) (Internet)

Planta. A fines del siglo XIII se adosó a la fachada Sur un pequeño claustro al cual se le hicieron posteriormente otras extensiones (Internet)

Laon. Corte Longitudinal.(Internet)

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Al entrar al recinto destaca por su carácter único que las columnas que limitan la nave central y la separan de las laterales, se individualicen como elementos independientes del resto del sistema de soporte. Se caracterizan como basa, fuste y capitel a la manera de las columnas clásicas; y los capiteles definen un nivel que es como un plano virtual del cual surgen las pilastras y columnas que se integran a las nervaduras de las bóvedas tanto de la nave central como las de las laterales, una solución poco común (tal vez única) en los templos góticos, en los cuales generalmente las columnas se disuelven en los arcos y las nervaduras de la techumbre abovedada, con capiteles o basas muy reducidas, en algunos casos simples molduras, haciendo que la columna parezca nacer directamente del suelo y conectarse con las bóvedas sin interrupciones, como lo ilustran las fotos que acompaño. Pero lo más significativo es que existe una evidente relación que algunos llamarían estilística pero que prefiero llamar constructiva y de diseño (decisiones del maestro constructor) con la columnata del Palacio Ducal de Venecia (gótico veneciano): es una asociación que hace pensar en vínculos humanos entre puntos distantes, animados por el deseo de construir, perdidos en la historia.

Las columnas que limitan  la nave central son casi “clásicas”(Internet)

Arcadas del Palacio Ducal de Venecia (carecen de basa)

El crucero de Chartres (foto de 1981) Obsérvese como ascienden las columnas desde el piso.

Románico esencial, Catedral de Vezelay (siglo 11) (foto de 1962)

Románico esencial. Iglesia de San Filiberto en Tournus (siglos 10 y 11). Nótese como casi desaparecen las basas y el capitel y se establece la continuidad con las bóvedas (foto de 2008)

Las columnas de la nave central de Chartres (foto de 1979). Sus basas son simples transiciones entre columna y suelo

Gótico alemán tardío. La catedral de Erfurt (foto de 2009) la columnas se disuelven en las nervaduras y los arcos

Interior (idealizado) de la catedral (o Muenster) de Bonn (cuadro de Heinrich Hintze. 1830) (foto de 2009) Las pilastras descienden hasta el suelo.

Laon. Obsérvese que las pilastras terminan en los capiteles (Internet)

Otro rasgo muy especial es la gran altura del cimborrio (el cuerpo construido sobre el crucero para captar luz) respecto al conjunto, puesto que su techo es de una altura casi igual a la de las torres de la fachada principal, algo también inédito. E igualmente llama la atención que la nave no termina en un ábside radial detrás del Altar Mayor (denominado por los historiadores girola) sino que se corta abruptamente, definiendo un plano de fachada perforado por un rosetón (debajo del cual ventanas con vidrieras) similar al de la fachada principal. O sea que la nave tiene dos fachadas, una de ellas en lugar del ábside.

Laon, el Cimborrio (Internet)

Laon. El cimborrio y la nave principal hasta el altar (Internet)

Laon. Fachada posterior. No hay ábside. (Internet)

Vista hacia el altar y el rosetón de la fachada posterior (Este) (Internet)

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Los bueyes me intrigaban cuando hace poco digitalicé las viejas fotos. Me recordaban las preguntas que me había hecho sobre ellos en la visita de tanto tiempo atrás, que se sumaban a la sorpresa de las torres mismas y otras cosas extrañas de Laon que rompen esquemas y hacen pensar en su originalidad. Y ahora cuando la lectura me llevó a Proust, me encontré con la misma sorpresa que es más bien admiración o, si se quiere, seducción. Sí, seducción que ejerce en nuestra sensibilidad el riquísimo mundo de contenidos del gótico, que se evaporaron en las brumas intelectuales con la conversión del ejercicio de la arquitectura en asunto académico. Allí estaban los bueyes de Laon para hablarnos del respeto a la vida, del agradecimiento sencillo, de la nobleza, instalados en el último nivel de las torres, asomando cabeza y cuello a través de lo que he llamado balcones (tomo la cita de la biografía de Proust de George Painter) ocho colosales bueyes, puestos allí en recuerdo de las bestias que arrastraron las piedras con las que se construyó el edificio, y esta es la más rara característica de la iglesia y, al mismo tiempo, la más proustiana. Emmanuel Bibesco (uno de los del grupo que acompañó a Proust en la visita a Laon) tuvo la ingeniosa ocurrencia de guiar a sus amigos a lo largo de una calle, en una de cuyas esquinas aparecía súbitamente a la vista del paseante la torre con sus bueyes, y esta fue la forma en que Proust los vio por vez primera…Y luego escribió Proust: una bella torre labrada que se alzó sobre Francia antes de que la nave de la catedral reposara sobre la colina de Laon, como un arca de Noé atestada de animales que escapan encaramándose en las torres, con bueyes que pacen en la techumbre, y contemplan los prados de Champagne

Los bueyes se asoman para contarnos su historia

Uno de los bueyes mira

Los bueyes ven hacia abajo

La liviandad de las torres. Aquí la torre del transepto Sur (Internet)

La liviandad de las torres. Aquí la torre Norte de la fachada Principal (Internet). Un “diseño” volumétrico que bien podría ser de hoy

La bóveda de la torre Sur de la fachada principal. Un prodigio constructivo en el uso de la piedra (Internet)

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El interés de Proust por Laon vino a ser para mí como un llamado de atención; una de esas cosas que se agradecen del legado de los grandes: el de hacernos abrir mejor los ojos hacia las cosas que nos han interesado y nos impulsa a regresar sobre nuestros pasos para echar una segunda mirada. Y  puedo hacerlo buscando en la memoria y mediante  imágenes gracias a las ventajas que hoy tenemos. Así me ocurrió con los vitrales, a los cuales poca atención presté durante la visita de tiempo atrás y que recién ahora me entero que llamaron especialmente la atención de Proust. Se trata de los que están en el rosetón de la fachada del transepto norte, de los pocos que sobrevivieron parcialmente la enorme explosión (dejó 500 muertos) ocurrida en 1870 en un polvorín militar que se había instalado en Laon. Representan las artes liberales; gramática, dialéctica y retórica; y aritmética, geometría, astronomía y música, el trivium y el quadrivium medievales https://es.wikipedia.org/wiki/Artes_liberales. Así los describe Proust a una de sus amigas, Mme. Catusse: “La Filosofía, con la escalera del conocimiento apoyada en su pecho; la Astronomía, con la vista fija en el cielo; la Geometría con su compás; la Aritmética, en el acto de contar con los dedos; la Lógica, con su sabia serpiente; y una Medicina un tanto superficial, no tan interesante como aquella obra que se ve en Reims examinando (y perdone que ose referirme a ello) la orina de un paciente contenida en un vaso…

El rosetón de las Artes Liberales del Portal Norte (todas las fotos de los vitrales son de Internet)

“La Aritmética, en el acto de contar con los dedos” (1200-1210), medallón del rosetón del transepto norte.jpg

La Geometría (1200-1210)

La Música (restauración de Steinheil de 1865).jpg

La Retórica (restauración de Steinheil de 1865).jpg

“La Astronomía con la vista fija en el cielo” (1200-1210).jpg

“La Filosofía, con la escalera del conocimiento apoyada en su pecho”.jpg

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Este regreso a Laon apoyado en las imágenes de Internet que he combinado con las mías de hace tanto tiempo, ha ocurrido sobre todo a causa del mismo tipo de impulso que ha motivado buena parte de estas Digresiones: el de que el recuerdo me haya devuelto un sentir  particular que traía consigo la obligación de explorarlo y apoyarlo mejor recurriendo a lo aprendido a lo largo del tiempo vivido en torno a las cosas de la arquitectura. Obligación que todos tenemos pero que se hace más perentoria en quien escribe para comunicar algunas ideas, que es el objeto de las  incursiones en este blog que ya duran muchos años. Al hacerlo me he dado cuenta de que estoy, si se quiere, retornando a los tiempos de estudiante, porque he tenido que leer, que ver, que comparar, que aventurar puntos de vista. Y escribo esto como epílogo respecto a Laon porque ese estudiar ha sido particularmente intenso en este caso quedándome la incomodidad de que debería regresar a Laon mientras sé que eso nunca ocurrirá: ya la edad y las circunstancias lo hacen imposible. Me queda entonces  recurrir a la frase de mi filósofo preferido: estimular en otros el pensar. Frase que es en realidad, junto a la necesidad de mantener la mente alerta (porque en  la situación que vivimos en Venezuela pareciera esa, a veces y dependiendo de quien y por qué lo diga, la mejor, o la única, actitud), lo que motiva mi esfuerzo permanente por no dejar de hilar algunas líneas. Y como en el proceso de buscar y rebuscar me encuentro con cosas que me dan alegría, quiero cerrar provisionalmente estas andanzas por el gótico publicando una foto que guardaba de mi antiquísima visita a la catedral de Amiens porque, pese a su imperfección (está movida porque Kodachrome no tenía sino 50 grados ASA de sensibilidad y las catedrales son oscuras) para compartir un poco esa alegría ante la emoción de la arquitectura que me dio verla recién digitalizada. Aquí va …a la mayor gloria de Dios, como decían los escritores de antes…cuando Dios existía.

Amiens es una imagen en el alma

 

 

 

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